13.5.09

Pragmática y lingüística

Todo en el ser humano es semántico. Nuestras miradas. Nuestros movimientos. Nuestras palabras. Y cómo no, también nuestros silencios. Todo cuanto nos viste, nos construye, nos convierte en alguien a los ojos de los demás, con quienes -queramos o no- nos estamos comunicando continuamente. Así que, por ese principio de inevitable polisemia, suelo caer en el intento (agotador) de comprender que, tal vez, no todo el mundo es consciente de esa complejidad significativa de sus actos y de sus acciones. De sus ausencias y de sus omisiones. Pero, admitámoslo, nada es casual. Nada es arbitrario. Todo es interpretable y goza de sentido pleno en el contexto en el que tiene lugar. Supongo que por eso ahora empiezo a entender que cuando he optado por la benevolencia ante las omisiones o las palabras inoportunas ajenas -no se da cuenta, no es consciente, no lo hace con malicia-, he acabado cayendo en la trampa que me tendía el otro, que, por supuesto, sí se daba cuenta, sí era consciente, sí lo hacía con malicia o, cuando menos, con intención.

Resulta cómodo excusarse a posteori, o pedir disculpas, o ni siquiera eso. Acallar cualquier posible crítica con un no lo sabía. La ignorancia de nuestra propia semántica es una forma casi infalible de granjearnos el perdón de los demás. Pero a mí, con el tiempo, esa capacidad de perdón o de indulgencia se me va terminando. Porque todo está connotado. Y denotado. Y porque, además, igual que en mí, el tiempo también pesa en los demás, así que no concibo que se pueda crecer ni madurar sin incorporar nuevas acepciones a nuestro propio diccionario vital.

Y no se trata, siquiera, de empatía. Hace mucho que sé que su hallazgo es más bien improbable y solo se da en algunos -mínimos- casos. Se trata de algo mucho más elemental: de léxico, de gramática, de gestos, de quinésica... En definitiva, puro y duro lenguaje. El rasgo que -tanto cuando nos acerca como cuando nos aleja- nos hace humanos.

1 comentario:

Alba dijo...

El principio de tu entrada me ha recordado a un poema de Jaime Sabines. Uno de mis favoritos. Y me encanta saber que hay gente en el mundo que se da cuenta de todos los lenguajes que tiene el cuerpo humano jajajaja
Un beso!!

pd: te copio el poema...

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. [/b]Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada.
Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: «qué calor hace», «dame agua», « ¿sabes manejar?», «se hizo de noche»... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho «ya es tarde», y tú sabías que decía «te quiero»).[/b]
Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón.