7.5.09

Prescindibles

Digamos que prescindible es el único adjetivo medianamente suave que se me ocurre para calificar estas dos películas a las que la crítica ha tratado de forma incomprensiblemente desigual. Un filme de -permitan que me ría- culto y un blockbuster. Una joya el primero y un bluff el segundo. ¿De verdad es así? Ahí va mi (humilde, of course) opinión.
1. Déjame entrar
Pues no, mejor que no me hubieran dejado entrar. Sinceramente, dos horas de película de vampiros pretenciosa -¿quién le ha dicho a ese director que estaba rodando algo como M, de Fritz Lang?- y pueril es demasiado para mí. Dos horas en las que se nos cuenta una historia previsible, anodina y contada mil veces, y donde se suman temas oportunistas como el bullying o el vampirismo sin ningún tipo de complejos (ni de talento narrativo). El guión no solo no cuenta nada mínimamente novedoso (es tan plano como Crepúsculo, solo que aquí piensan que están reinventando el género, mientras que en la otra asumen su condición de best-seller sin tanta excusa) sino que se pierde en historias secundarias aún más ridículas que la principal. Así, tenemos personajes tan memorables -dignos del guión de Águila roja- como el asesino torpe -el padre de la niña, una especie de Bustor Keaton reconvertido en serial killer fracasado-, los pueblerinos violentos, el pueblerino dueño de los gatos -protagonistas de los efectos visuales más sonrojantes y pésimos del año- y la pueblerina vampiresa -cuya muerte es un gag digno de Scary Movie. Por si eso no fuera suficiente, durante dos horas nos tenemos que tragar al niño blanquecino y siniestro de rigor -sí, también está aquí, como ya lo estuviera en orfanatos, casas de los otros y filmes americano-japoneses varios- y se nos intenta colar una historia de amor entre niño lánguido y niña vampiresa como si de una peli de Bergman se tratase. Pero no, no es Bergman. Ni es Fritz Lang. Ni es nada nuevo. Es lo de siempre: otra de vampiros y, encima, otra de los vampiros del siglo XXI, es decir, de los vampiros pensados para que los adolescentes llenen las salas y se identifiquen con ellos. Tampoco es que True Blood sea lo mejor del género, pero al menos Alan Ball sí se sirve de ella para contar otra cosa, o para intentarlo.
En el fondo, supongo que si esta tontería no fuera sueca, sino norteamericana, y el protagonista no fuera ese sosaina rubiales, sino Zac Efron, los críticos habrían puesto a parir el filme. Pero como han visto que era europea y que había planos fijos de árboles y secuencias en las que no pasa nada, como la maravillosa escena del lavado de dientes entre madre e hijo (¿canto a la salud dental? ¿chiste sobre los colmillos vampíricos?, ¿esponsorización de Colgate?), pues han decidido que sí, que esta simpleza es muy interesante, que es un cuento perverso y que supone una relectura gótica y ambigua del mito de los vampiros. Pero no, qué va, no es nada de eso, porque el hecho de convertir a una niña en asesina no nos asegura tener un cuento perverso, género que requiere mucha más imaginación, mucho más talento y, sobre todo, mucha más originalidad.
Lo que más me indigna -lo confieso- es que me intenten convencer de que esto es mejor que Crepúsculo, cuando ambas son las caras de una misma moneda. Una moneda que espero pase de moda pronto y caiga -cuanto antes- en el olvido. A ver si alguien se anima, de una vez, a hacer verdadero cine de terror (cuántos años de mediocridades desde el estreno de la escalofriante El resplandor) y nos deja de estas versiones gores de Harry Potter. Solo ha faltado ver a la vampiresa junior jugando quidditch.
2. Lobezno
Según la crítica, una mala película. Y sí, lo es, pero al menos no se vende como algo distinto a lo que ofrece. No nos da nada más que un guión bochornosamente malo (además, ¿qué sentido tiene repetir los orígenes de un personaje ya explicado hasta la saciedad en la saga X-Men), unas secuencias de acción solventes, un antagonista robaplanos (Liev Schrieber sale feísimo, a pesar de lo mono que está en Cinco hermanos, pero aún así se merienda la función) y un sinfín de planos de Hugh Jackmann luciendo bíceps y pectorales: en camiseta, sin camiseta, en camisa, sin camisa, en vaqueros, sin vaqueros... Creo que hay un par de planos en los que incluso actúa mientras tensa todos los músculos que ha renovado para la película, pero por lo demás, su interpretación es tan plana como la historia, donde se desaprovecha todo lo aprovechable y se opta por una galería paupérrima de secundarios haciéndonos echar de menos hasta la tercera parte de X-Men que, sin Bryan Singer, es mucho más floja que las otras dos. Al menos, aquí nos ahorran la metafísica de otros héroes recientes y se limitan a dar tortas, aunque no entendamos la cursilería de la parte romántica -la leyenda del nombre de Lobezno se cuenta de manera deplorable y resulta más ñoña que las pajaritas de Jesús Vázquez en el nuevo OT- ni tampoco me quede claro por qué era necesario rodar una escena tan chorra y feísta como la del combate de boxeo con ese gordo hórrido al que Lobezno machaca. Y hablando de estética feísta, qué decir del look final de Ryan Reynolds, al que pareciera que Hugh Jackmann tuviera miedo por si le llegase a hacer sombra (a fin de cuentas, Ryan ya lució sus generosos bíceps en aquel bodrio llamado Blade III y esperábamos que hiciera aquí una exhibición similar). Una pena que no lo luzcan más y, sobre todo, que los productores no hubieran admitido que el guión era una estupidez y lo hubieran sustituido por unas cuantas escenas abiertamente gays (público que -por lo que vi en la sala donde asistí al estreno- está sospechosamente interesado en este filme). Personalmente, confío en que si la franquicia sigue adelante, prescindan del hilo argumental y se limiten a acostar a Lobezno con otros mutantes igualmente calientes y tórridos y que hayan seguido su misma escuela interpretativa: el gimnasio y las pesas, básicamente. Total, que con que se descarguen unas cuantas fotos del mozo se ahorran ustedes la película. O hasta la pereza de su descarga.

Y por ahora, ninguna anti-recomendación más..., así que corto y cierro, pues este fin de semana me espera una especial, íntima y más que hermosa celebración. Una noche que, en este caso, sí que es excepcional e imprescindible... :-) Disfruten del fin de semana.

6 comentarios:

Vargtimen dijo...

Estamos de acuerdo en que "Déjame entrar" está sobrevalorada y que uno de los principales motivos es por el hecho de ser cine europeo, y más concretamente sueco. A mí me gustó, como me suelen gustar las películas del género, desde "Noche de miedo" a "Entrevista con el vampiro". Ni más ni menos que otras.

"Lobezno" no la ví. Quizá algún día si la pillo por la tele, pero probablmente ni por esas.

3'14 dijo...

Coincido con Vargtimen, la primera la vi hará un par de meses, me gustó, pero tampoco pasará a formar parte de la lista de pelis más recordadas. y la segunda espero a que la echen algún sábado o domingo por la tarde.

Cinephilus dijo...

Hmmm... Me quedo con Entrevista con el vampiro y Jóvenes ocultos. No son dos maravillas, pero al menos me retrotraen a mi adolescencia. Ah, y lo confieso, soy un fanático del Drácula de Coppola. Ya, ya sé que se pueden hacer mil críticas a esa película, pero admito que es de las que más me han marcado... En fin, que uno es débil ;-)
En cuanto a Lobezno, haréis bien en verla, a retazos, en la televisión. Solo Australia me pareció más aburrida que esta...
Y ahora me voy a trajearme y a ponerme guapo, que me espera una estupenda cena con la mejor de las compañías posibles... :-)
Buen finde

SisterBoy dijo...

A mí "Dejame entrar" me gustó bastante y entré (valga el juego de palabras) en la propuesta de la película bastante bien. ¿Obra maestra? Creo que desde Nosferatu no se ha hecho ninguna obra maestra en la que esté implicado vampiro pero repito que la sueca me pareció una película muy buena.

coxis dijo...

pues a mí también me gustó la peli sueca... Estaría bien tener una amiga vampira para librarte de los plastas que se meten contigo.

la de xmen no la he visto (pero Hannah Montana sí, fíjate tú...)

Su dijo...

“Déjame entrar” me gustó como a la mayoría de los que están por aquí. No soy fanática del género vampírico, me gusta más otro tipo de terror, pero si me tengo que quedar con alguna, desde luego con Blade, por lo menos vemos chica y música movidita.
No aguanto a los vampiros debiluchos que luchan contra su naturaleza… es como si el hombre lobo llorase después de haber descuartizado a su victima. Soy muy purista en ese sentido, lo sé.
En cuanto a “Drácula” de Coppola… bueno, confieso que me encantó en su momento, pero seamos realistas, tanto motivo edulcorado en la adolescencia es un éxito seguro.

El cine de terror debe huir de sensiblerías, artificios y sangre (para eso tenemos el gore). Una buena historia de terror debe partir de un hecho cotidiano, hacer que el receptor lo vea como algo verosímil para que, cuando menos se lo espere, lanzarle el gancho.

Lo demás, es puro artificio.