2.6.09

Slam

Slam, la última novela de Nick Hornby, se ha convertido en España en Todo por una chica, título deplorable y de injustificable elección. No sé de quién ha partido la idea de sustituir la caída del nombre original -que remite a la jerga de los skaters afín al personaje protagonista- por un título engolado y ambiguo en el que no queda claro el significado del sintagma preposicional. Podría teclear en google e incluso investigar un poco para averiguar si es una idea del traductor, una decisión editorial o un capricho del agente del autor, pero ni tengo tiempo ni ganas para semejantes elucubraciones. Solo sé que el nuevo título no puede ser más desafortunado. En primer lugar, podemos pensar que se trata de un complemento de finalidad -todo lo hace por una chica-, lo cual no guarda relación alguna con el contenido de la novela, donde la motivación del protagonista no es Alicia, la chica, sino él mismo y, en segunda instancia, el hijo de ambos. Por otra parte, podríamos creer que es un complemento de causa -todo ocurre a causa de una chica-, lo cual nos daría un título absolutamente misógino, ya que se culparía de los hechos de la novela al personaje femenino. Por último, puede que alguna mente brillante haya creído genial jugar con esta ambigüedad -finalidad y causa- para dar ambos matices a un tiempo con lo que no solo se conseguiría el guiño misógino sino que, además, se sumaría la incongruencia de la primera opción. Así que, en esta crítica, obviaremos el título español y hablaremos de Slam, que es como siempre debió llamarse.

Y Slam es una novela de fácil lectura en la que se nos cuenta, en primera persona, la peripecia de un adolescente que deja embarazada a su novia, Alicia. Nada más y nada menos. Ese es todo el hilo argumental y, sin embargo, su autor consigue situaciones cómicas bastante logradas en las que, incluso aunque intentemos negarnos a ello, nos arranca la carcajada. Sin embargo, incurre en errores demasiado previsibles. El primero consiste en extender la historia más allá de lo que hubiera sido deseable, dando lugar a un libro desequilibrado en el que el tercio final es mucho más flojo que el arranque, a pesar de que el empleo de la prolepsis o flash-forward salve a la novela del tedio y la rutina. El segundo estriba en su infantilización del protagonista, demasiado inverosímil para su edad. En este sentido, no podemos olvidar que Hornby es un autor en serie de peter-panes treintañeros, así que su tendencia a hacer de los adultos adolescentes parece que le impide escribir sobre un verdadero adolescente sin restarle años también. Pese a todo, algunas páginas sí respiran verdad, sobre todo aquellas que están enfocadas desde un punto de vista más humorístico. Y el tercero y más grave reside en la moralina que se le escapa al autor -aunque no lo pretenda- que, pese a estar más o menos oculta durante casi toda la narración- se desborda en un inútil capítulo final, donde se deslizan demasiadas reflexiones de perogrullo que nos recuerdan los peores vicios de películas como Juno, por ejemplo.

En cuanto a los personajes, son divertidos los masculinos y estereotípicos los femeninos, donde el escritor se muestra incapaz de hacer nada más que proyectar su visión heterosexual de las mujeres, dibujando tanto sus sueños e idealizaciones como sus prejuicios y pesadillas. Ni Alicia, ni Andrea ni la madre de Sam -el protagonista- son de carne y hueso ni poseen una psicología mínimamente interesante, así que la historia flojea desde las primeras páginas y su encanto reside únicamente en su narrador que, sin embargo, sí consigue hacernos leer el texto con una sonrisa, aunque veamos el truco en todo momento y a ratos sea imposible hacer una mueca al pillar al autor en algún momento de sensiblería facilona -ya presente en Alta fidelidad o la muy inferior Un gran chico- o en algún gag previsible que funciona de modo desigual.

Sea como sea, la obra sí puede ser leída por adolescentes -es más, creo que recomendaría su lectura a chicos desde 2º hasta 4º de la ESO: puede dar mucho juego en el aula y casi todos disfrutarán leyéndola- pero, desde el punto de vista de la literatura adulta, resulta llamativo comprobar que se trata de un título más -equivocado, pero título a fin de cuentas- que se suma a la avalancha de narraciones que infantilizan al lector -niños con pijama y similares- y le presentan una peripecia más o menos ingeniosa desde el punto de vista de un menor. Es curioso -o quizá no tanto- que los best-sellers de nuestro tiempo sean historias contadas por niños para adultos, lo que da lugar a narraciones planas, eminentemente sencillas y que exigen un esfuerzo intelectual bajo mínimos. Honestamente, no dice mucho acerca del lector de nuestro tiempo, sobre todo porque sus autores suelen mostrarse incapaces de dar un salto cualitativo y aprovechar esa estructura para aportar algo más o para ofrecernos algún giro -alguna vuelta de tuerca- que saque a sus obras de una linealidad apabullante y una imaginación más bien ramplona.

Pese a todo ello, no deja de ser un texto ameno y con algunas páginas interesantes, especialmente aquellas en las que su autor se olvida de que quien habla es un adolescente y se centra en la dificultad para cumplir los sueños, o para asumir responsabilidades, o para convivir con la pareja. Cuando aborda esos temas -que son ajenos a la edad del protagonista y que nos afectan a todos en diferentes etapas de la vida- se aproxima, en ocasiones, a lo que podría ser algo más que una simple novela de consumo, pero está demasiado atrapado por el sistema, por su agencia literaria y, por qué no, seguramente también por la futura adaptación al cine de la novela, como ya pasó con otros de sus textos. Al menos nos deja instantes de gran caricaturista en personajes como Conejo -un secundario digno de la mejor escuela de la comedia americana- y nos hace acabar el libro con un pensamiento de lo que pudo haber sido y que, sin embargo, no fue. Poco en él lo convierte en algo más que la versión masculina de la ya citada Juno. Aquí, sin embargo, no se nos cuela un rollo antiaborto como en la sobrevalorada y conservadora cinta de Reitman, aunque tampoco se debate con seriedad ni con valentía sobre este tema que, en EEUU, sigue siendo un claro tabú. Y que en España, a este (retrógado) paso, también va camino de serlo.

4 comentarios:

3'14 dijo...

Pues precisamente el otro día vi la novela en la librería y estuve tentada a comprarla pero luego desistí. El impulso me vino por haber leído "En picado", la cual me gustó pero no deja de ser una novelita más y por el tema, la que citas, me da que va por el mismo camino. Claro que, siendo profesor de adolescentes entiendo que la leas y si la encuentras de interés para el colectivo al que enseñas, la recomiendes. Pero por esta vez creo que paso, y me centro en otros autores y otro tipo de novelas con otro nivel de complejidad (ehm, que ya va siendo hora...)
Este... y mezclando literatura con cine, estoy esperando la versión cinematográfica de "En picado" que al parecer tiene todos los números de ser protagonizada por Jhonny Deep... ¿No se te hace la boca agua sólo con nombrarlo? jeje a mí sí ;)

Cinephilus dijo...

Jajaja, esperaremos esa adaptación con mucha impaciencia :-)

SisterBoy dijo...

Yo soy un adorador de Fever Pitch (también traducida de modo dudoso al español como "Fiebre en las gradas" o eso me han dicho). No conozco el resto de su obra pero la tengo en mi inacabable lista de pendientes

Anónimo dijo...

¡Literatura de adolescentes, cine de adolescentes....!¡Qué pereza!