26.7.09

Before London

Después de Estocolmo, ahora nos toca fugarnos a Londres, a disfrutar de tres espectáculos que tengo unas enormes ganas de ver y de los que prometo dar cumplida cuenta en esta misma pantalla... En primer lugar, el Hamlet protagonizado por Jude Law (en mi lista de actores guapos ocupa, desde hace años, el puesto más alto); después, El jardín de los cerezos dirigido por Sam Mendes con Ethan Hawke a la cabeza (cómo no enamorarse de él en el delicioso dueto Antes de amanecer/atardecer o hasta en la curiosa e infravalorada Gattaca); y, por último, el musical más premiado en la ceremonia de los Tony de este año, Billy Elliot, con música de sir Elton Jonh y del que solo hemos leído críticas entre muy buenas y excelentes.
Pero antes de salir volando, dejo aquí mi humilde y nada corrosiva opinión sobre tres obras muy distintas entre sí: un blockbuster cinematográfico -el último Harry Potter-, un bestseller literario -el primer tomo de Millenium- y un éxito operístico rotundo -Las bodas de Fígaro, en el Teatro Real. Como hay muchos temas, prometo ser breve... Empezamos.

1. Harry Potter y el misterio del príncipe
Sigue siendo tan innecesariamente larga como todas las películas del mago y sus colegas pero, al menos, juegan menos al quidditch (o como se escriba esta memez). Está años luz de la única película que realmente me gusta de esta saga -Azkaban, dirigida por un casi siempre inspirado Cuarón-, pero al menos es mucho más divertida que su antecesora. Supongo que me ha gustado porque es la menos harrypotteresca de todas: apenas hay magia, acción o aventura, salvo un espléndido prólogo en Londres que, lástima, no tiene continuidad alguna en el resto del filme. Por lo demás, esta película es una especie de episodio de Sensación de vivir, solo que han cambiado Beverly Hills por Hogwarts. Todo un cocktail de espinillas, adolescencia mal asumida, primeros amores, primeros celos, malos rollos, ansias de popularidad y otras pamplinas quinceañeras que, la verdad, me hicieron gracia. Pese a su trágico final -¿por qué asumen que todos nos lo sabíamos y ni siquiera se molestan en intentar sorprendernos?-, es la película con más humor de las rodadas hasta la fecha y la que más me recuerda a mis queridos Cabano, Ruth & friends. Solo falta que quiten a la histriónica de la Bonham Carter y la sustituyan por la mujer-palo Blanca Romero. En fin, una tontería muy simpática y que se pasa mucho más rápido que su antecesora. Eso sí, David Yates tiene menos creatividad que un mejillón, pero tampoco creo que nadie esperase que aportase algo original o mínimamente inteligente. Con resumir los libros tiene de sobra.

2. Los hombres que no amaban a las mujeres
Puro y duro best-seller pero, al menos, no toma por imbécil al espectador. No tiene ni mucho menos los valores literarios que algunos han pretendido ver en él, pero sí es una diversión digna y sin complejos. Sobre todo, valoro el hecho de que no quiera ser nada más de lo que realmente es: una novela de suspense bien contada y con una trama más o menos creíble, sin giros en exceso rocambolescos y -¡al fin!- sin rollos mistéricos, eclesiásticos o vaticanoides. Tras los años de triunfo de las tonterías supinas de Dan Brown o de los vampiros castos y puros de Crepúsculo -ay, con lo sexy y lo voraces que fueron los de Ann Rice-, se agradece que haya un bestseller de inspiración periodística y buen pulso narrativo. Sí, sobran páginas, sí, el final es un poco tontorrón, sí, los personajes rozan el prototipo, pero también tienen relaciones verosímiles, caracteres fuertes y hasta llegan a hacerse simpáticos. No pienso seguir con los dos tomos siguientes, hay cosas mucho más interesantes que leer, pero sería injusto reconocer que esta obra funciona y es justo que tenga su público. Una suerte de El silencio de los corderos con algo de compromiso social. Decente.

3. Las bodas de Fígaro
Es imposible ponerle pegas a Mozart, es más, resulta imposible imaginar la vida sin él. Sin su música. Sin embargo, he de admitir que de las tres obras en las que trabajó con Da Ponte esta es la que menos me entusiasma. No encuentro en ella el ingenio travieso e intelectual del Cosí ni la complejidad de Don Giovanni. Una comedia de acción, entretenida, ligera, con algunos gags memorables y, sobre todo, con un personaje fascinante: la melancólica condesa, que encierra una profundidad psicológica mucho mayor de la que pueda percibirse a primera vista.

La puesta en escena que ofrece el Real, sin embargo, no es especialmente brillante. Se inspira en los juegos de luces de Strehler -sin serlo, evidentemente- y, por tanto, apuesta por el clasicismo y el esteticismo -algo esperable siendo Sagi su director. Sin embargo, ese estatismo no favorece el ritmo escénico y, aunque la dirección de los actores es soberbia, la escenografía resulta pétrea, acartonada y no especialmente acertada, salvo el empleo del telón traslúcido y algún otro pequeño hallazgo de la decoración. Sagi, por otra parte, sabe poner bien en escena aquello que el texto y la música dicen, pero no sabe inventar aquello que no cuentan: no presenta su propia versión de la obra, sino que, como un escolar aplicado, se limita a transcribir correcta y pulcramente lo que ya se sabe y se conoce. Es un montaje hermoso, sí, pero sin alma, sin vida propia, aunque todo el mundo salga contento y encantado tras el bonito jardín que puebla la escena en el último acto. A cambio, los actores desempeñan sus papeles a la perfección, con gracia, con auténtica capacidad teatral y eso nos permite olvidar las carencias escénicas de un montaje que se halla muy lejos de los aciertos del pasado Rigoletto, por ejemplo. En conclusión, un montaje que merece la pena ver -sobre todo por oír a Mozart, por emocionarse con su música, por reírse con las ocurrencias de Da Ponte y por disfrutar de los actores y de las actrices de esta función- pero donde se ha apostado por una puesta en escena casi sorollesca, un envoltorio estético y sereno que no ayuda a construir el texto, sino que se limita a colorearlo.

1 comentario:

Arual dijo...

La peli de Potter tengo que verla, soy fan de la saga literaria y no puedo fallar a la cita cinematográfica aunque reconozco que en la anterior me dormí en el cine. Esto no se lo cuentes a nadie.
MILLENIUM 1 la estoy leyendo ahora, a ratos y cuando puedo, que es poco, pero bueno no está mal, me han regalado la trilogía para el cumple y supongo que poco a poco la iré leyendo entera.
Respecto a tu cita con BILLY ELIOTT en Londres permíteme que te envidie un mucho eh... a la vuelta ya me contarás. Besicos!!