24.7.09

Sticky and sweet

Pocos conciertos he esperado con tanta ansiedad como el que dio ayer Madonna en Madrid. Fue la primera cantante de la que me convertí en un rendido fan cuando ni siquiera sabía que era una diva, o un icono pop, o lo que quiera que sea ahora. Solo tenía unos nueve o diez años cuando empecé a comprar todos sus discos en formato vinilo -que mi infancia forma parte de los ochenta- o en formato casette. Todavía recuerdo que compré la Superpop porque reproducían el vídeo de Like a prayer con el texto íntegro y una selección de las mejores imágenes (también porque regalaban una carpeta de gomas con George Michael, pero ese dato se lo obvié a mis amigos). Luego vinieron los noventa, y con ellos mi adolescencia y su etapa de metamorfosis, así que Madonna se pasó a la estética de su fantástico Ray of light y yo me cambié al CD. Murieron los vinilos y con ello cierta parte de la primera Madonna -la material girl que se sentía like a virgin y que rodaba comedias infames mientras se peleaba con Sean Penn- que siempre me gustó. Aun así, ha seguido reinventándose y nunca ha perdido el tren del éxito, incluso a pesar de traspiés tan sonoros como American life, por ejemplo. Su último disco no es más que un intento de repetir el bombazo del anterior, pero entre el sosito Hard candy y el rotundo Confessions hay un océano -proceloso e insalvable- de distancia. El hecho de que en su concierto de ayer no cantara un solo tema del Confessions no acabó de convencerme, ya que se echó de menos que sonara Hung up o Sorry, entre otras, como broche de oro al subidón que provocó con su espléndida -ahí sí- puesta en escena de Give it 2 me, el único single realmente potente de su último trabajo.


En cuanto al concierto en sí mismo, no salí tan satisfecho ni emocionado como esperaba. A favor, no se puede negar que Madonna se deja la piel durante las dos horas de espectáculo en un alarde de potencia física -más que vocal- y dando un auténtico show coreográfico con un impecable cuerpo de bailarines. La puesta en escena, sin embargo, no acaba de ser tan espectacular como en giras anteriores (estas, lástima, me ha tocado verlas tan solo en dvd). Tan solo el vídeo de Get stupid nos recuerda algo de la Madonna polémica, combativa y transgresora de años anteriores. Por lo demás, se apuesta por una estética colorista -casi chillona- y un vestuario entre hiphopero y adolescente que pareciera sacado de los armarios de los concursantes de Fama. Ni rastro de los hallazgos de Gaultier -aquellos conos que marcaron una época- o de algún intento de sofisticar una imagen demasiado apegada a las taquillas del gimnasio, como si de la versión tecno de Marbelys se tratase.

Otro tanto me sucede con el decorado, donde solo salvaría el empleo de los dos cilindros -una suerte de seta gigante- que emplea la diva para ocultarse y jugar con videoproyecciones más que acertadas. Sin embargo, el resto de elementos son más bien inexistentes, simplones -como la plataforma de gogó o el cuadrilátero de boxeo- o de nuevo, algo horteras, como el coche blanco que aparece al principio del espectáculo. Llamativo, sí. Grandioso, tal vez. Pero nada que ver con la cruz gigante del Confessions tour, por ejemplo. El decorado, por tanto, carece de semántica y su empleo es más bien ramplón.

Y aquí, después de darle muchas vueltas, es donde he encontrado la gran pega que ayer sentí que tenía el concierto y que no era capaz de verbalizar: su carencia de teatralidad o, más bien, su teatralidad simplona y limitada. Uniforme. A pesar del repertorio -que, con sus aciertos y sus fallos, era francamente variado- todas las canciones se ponían en escena de manera muy similar, a base de saltos imposibles, contorsiones múltiples y una sucesión vertiginosa de movimientos que llegaban a camuflar la voz de una artista empeñada en que le ha ganado la batalla al tiempo. Un concierto físico, divertido, también distante, una macrodiscoteca -en realidad, casi una sucesión de videoclips- que hizo sudar a quienes seguimos a Madonna desde hace años, pero un espectáculo desprovisto de sutileza o inteligencia en la puesta en escena, desnudo de la Madonna más radical, como si también ella se hubiera vuelto políticamente correcta y ahora su única provocación fuera un tímido "Estoy caliente" antes de entonar la anodina y eterna Spanish lessons.

El concierto de ayer no tenía la proximidad de una empática Kylie Minogue, ni la inteligencia del fantástico recital que nos dio hace un par de años George Michael (eso sí que fue memorable). Ella demostró que es una gran artista y una espléndida profesional (en el sentido de currante), desde luego, pero el envoltorio de su show recordaba más a las boy bands o al mismísimo Justin Timberlake que a la Madonna elegante de Vogue, la Madonna esotérica de Frozen, la Madonna post-country de Music, la Madonna combativa de American life, la Madonna sexual de Material girl, la Madonna blasfema de Like a prayer, la Madonna ingenua y pop de True Blue, la Madonna eléctrica de Hung up. Anoche todas fueron la misma cantante, todo era inauditamente similar, sin sobresaltos, sin giros inesperados, sin capacidad de sorpresa, salvo por el estupendo momento del She's not me, donde jugó con bailarinas vestidas con sus looks más característicos a lo largo de todos estos años.

Lástima que las mallas le hayan ganado la partida a los conos de Gaultier, seguramente porque para lucir aquellos conos solo se podía ser Madonna, mientras que para el show aeróbico de ayer se puede ser Madonna, o Britney, o Beyoncé, o decenas de otras voces y otros cuerpos. Nada había en su show que la diferenciara de tantas otras cantantes que, fuerza de imitarla, se han fundido con ella. Solo la edad: ella derrocha energía aunque les doble la edad, pero no sé si la exhibición de una segunda juventud es motivo suficiente para sustentar un espectáculo de estas características. Deben ser, supongo, los efectos colaterales de lo global, que hasta las reinas del pop se vuelven insólitamente simbióticas.

6 comentarios:

Arual dijo...

Sabes es la primera crítica sustancial que me dan de la gira de Madonna, hasta ahora todo habían sido halagos bestiales hacia ella y su montaje. Ahora me has hecho pensar un poco, igual no me he perdido tanto como querían hacerme creer, :)

Lúa dijo...

Es una decepción ir a un concierto del que esperabas mucho más, pero al fin y al cabo es Madonna, ya me gustaría a mí poder haber ido.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Estoy muy de acuerdo contigo en todo, especialmente en tus comentarios hacia la comparacion con George Michael que ese si fue realmente memorable....

SisterBoy dijo...

Tendré que esperar a que Queer me haga su crónica particular para hacer la comparación.

Vargtimen dijo...

Bueno, yo también soy fan de Madonna desde los 6 o 7 años, y también entonces me compraba sus vinilos y cassettes (ese True Blue), así que comprendo tu ansiedad previa al concierto porque yo sentí lo mismo el año pasado cuando la vi por primera vez en Lisboa (entonces sí cantó "Hung up", aunque ahora la ha sustituido por "Frozen").

Para mí la mejor Madonna es la Madonna de cuando era niño, la de las peleas con Sean Penn y las comedias infames. Y también la guarrilla de "Justify my Love" y "Erótica". Y la que se alió con Mirwais para grabar temazos como "Music", "Die another day" o "Paradise".

Pero qué quieres que te diga, me hace gracia la Madonna de ahora. Empeñada en no quedarse atrás, en aparentar 30 años menos, en acostarse con un brasileño con edad de ser su hijo y en adoptar a media Africa.
Si las nuevas generaciones cada vez son más horteras, ella te monta un espectáculo cargado de oros, ropa deportiva, gitanos, luces, colores, músculos sudorosos y estética de videojuego. Es muy grande esta mujer.

Puede que "Sticky & Sweet" no fuera tan elegante como la gira anterior (aunque a mí personalmente el repertorio me gusta más), que no fuera tan teatral y provocador como "The girlie show" o que faltaran los sujetadores de capirucho del "Blond Ambition Tour"; pero dos horas de espectáculo desenfrenado y de calidad, con temas como "Vogue", "Into the groove", "La isla bonita", "Like a prayer" o "Give it 2 me", eso no te lo da ni Britney ni ninguna otra.

Hungpolanaboy dijo...

Aún así she is the tooooooooooopppppppppppp