25.8.09

Harto de Peter Pan

Me gustan las comedias románticas. Entre mis películas favoritas, siempre figuran títulos como Desayuno con diamantes o Vacaciones en Roma. Y, lo admito, no concibo mi educación sentimental sin el visionado adolescente de Pretty Woman que arrasó en toda mi generación de quinceañeros. Pero lo que me gusta de esas películas es que, en general, no tratan de pontificar sobre las relaciones, ni sobre sus personajes, tan solo nos presentan historias -cuentos de hadas, en realidad- con desenlaces previsiblemente felices y momentos cómicamente entrañables. La comedia romántica actual, sin embargo, retoma la sensiblería del género sin ninguno de sus hallazgos; al contrario, los guionistas añaden, sin complejos, un intento continuo y casi patológico de sentar cátedra sobre las relaciones humanas. Para ello se recurre a menudo a una pobre galería de personajes -supuestamente diferentes entre sí- que siempre son planos y monocromos, de modo que el espectador los encasille sin dificultad desde su primera aparición en pantalla. Después, se siguen las peripecias de dichas marionetas -olvidaba mencionar que este nuevo tipo de comedia romántica ha de ser preferiblemente coral- y se dan tantos finales felices como se pueda, reservándose siempre un desenlace amargo para compensar tanta melaza y fingir que la película es más realista o una reflexión sincera a la vez que cómica sobre el amor.

Bien, pues este presupuesto es el que sigue la película He's just not that into you, título poco afortunado que (tranquilos, la traducción española viene al rescate) ha sido convertido en el infame ¿Qué les pasa a los hombres? Aunque el guión tiene alguna que otra frase rescatable (creo que me sonreí dos veces en las casi dos horas de película), su estructura es ramplona; su trama, más que previsible; su reparto, anodino (qué tortura ver a Jennifer Aniston haciendo de... Jennifer Aniston: ¿alguna vez dejará de recordarnos que Brad Pitt la dejó... por cansina?); y, sobre todo, su visión de las relaciones hombre-mujer es profundamente anticuada y, cómo no, misógina. Ellas solo quieren casarse (o en su defecto, solo quieren tener novio formal para casarse) y ellos solo quieren follar (a ser posible, sin casarse y con Scarlett Johanson, que hace... de Scarlett Johanson), así de simple y de rotundo (por cierto, ellas tienen amigos gays que también quieren follar -solo que no lo hacen, porque es una película para todos los públicos y no a todos los públicos les parece guay que los gays también follen- y que les aconsejan sobre qué deben ponerse en sus citas -porque en algo tienen que gastar su tiempo los pobres, la verdad). En toda la película no hay ni un solo personaje femenino que busque el sexo de manera natural y espontánea (son mujeres de treinta y parecen sacadas del siglo XIX, en vez de pertenecer al siglo XXI), ni tampoco aparece ningún hombre que admita el compromiso de una forma adulta y sensata (bueno sí, hay uno, pero es el sosainas de Ben Affleck y no cuenta), ni hay relaciones complejas, ni hay encuentros casuales, ni hay nada que se parezca a la vida real, pero la película nos coloca una voz en off -como Sexo en Nueva York, pero sin gracia ni distanciamiento frívolo- para darnos un bonito sermón sobre hombres y mujeres, invitándonos a comprarnos tarrinas de helado y volvernos gordos enamorados o gordos dejados por amor (elijan ustedes).


Personalmente, y en cuanto al tema de la visión de los treintañeros -esta vez masculinos- en el cine reciente se refiere, empiezo a estar harto de Peter Pan y toda su pandilla: ¿por qué los hombres que acabamos de superar los treinta tenemos que ser forzosamente un hatajo de niños que no quieren madurar? Yo sí que quiero hacerlo. Sobre todo porque madurar no tiene nada que ver con dejar de ser joven, ni con dejar de ser intenso, ni con dejar de transgredir, ni con dejar de trasnochar, ni con dejar de devorar la vida a bocados. Madurar tiene que ver con ampliar los puntos de vista, con enriquecer las experiencias, con sesgar lo accesorio y, sobre todo, con evolucionar. (Qué aburrida la gente monolítica. Y qué abundante... ¿Tan geniales se encuentran que prefieren no moverse ni un ápice del lugar que ocupan?) Además, ¿realmente es necesario formar parte de todo este ejercicio nostálgico que nos rodea? Anuncios que nos cuentan cómo eramos hace veinte años, coleccionables de muñecos sacados de series que veíamos entonces y un sinfín de revivals de momentos que hemos vivido, como quien dice, apenas ayer. Solo tenemos treinta y pareciéramos viejos refugiados en sus batallitas, contando a nuestros sobrinos -porque los hijos todavía no se enteran, en caso de tenerlos- cómo era La bola de cristal o lo que nos emocionaba Espinete. Lamentable... ¿Tan poca cosa somos capaces de imaginar en el hoy -y en el mañana- que hemos de seguir refugiados en el ayer? ¿No hay nada más allá del lego y de los playmobil y de Vicky el Vikingo y de toda esa parafernalia nostálgica y paralizante? ¿Estamos tan vacíos que no podemos construir, sino que necesitamos seguir digiriendo referencias anteriores?


Digamos que con He's just not that into you (que fusilen al autor del título, por favor) me he aburrido tanto como me aburro -con excepciones, claro- con mi generación. Anclada en sí misma y en su autocontemplación, en su victimismo y en su estatismo, en un acto de revival ombliguista que le impide hacer nada que no sea echarse de menos a sí misma. Por eso es necesario el verbo madurar. Porque el futuro está justo delante y hay demasiado treinteañero convertido, aunque quizá ni siquiera lo sepa, en estatua de sal.

4 comentarios:

Queer Enquirer dijo...

En serio. Me preocupa la selección de películas que haces últimamente ¿No es más rentable bajarte algo de porno? Al menos, te lo pasarás mejor :)Sobre tu reflexión, pues estoy de acuerdo, pero oye, que el síndrome de Peter Pan tiene un puntito frívolo muy molón. Además, tú estarías monísimo con esas mallas verdes...
Besitos,
Campanilla

Cinephilus dijo...

Cierto... Lo de seleccionar estas dos pelis ha sido por darme el gustazo de quemar el último cartucho de cine comercial y tontorrón, a ver si encontraba algo mínimamente salvable... Visto lo visto, me rindo. La nueva comedia americana no está hecha para mí...
Y sí, a ver si hago con unas mallas, aunque yo creo que ese tipo de ropa no es lo mío ;-) En cuanto a lo de Peter Pan, digamos que se puede ser frívolo sin ser infantil, no? Besos, Garfio

Anónimo dijo...

... totalmente de acuerdo con tu definición de 'madurar' ... porque NO es lo mismo MADURAR que ENVEJECER ... al menos no para mí ... Ciao

FIDELIO

inquilino dijo...

Creo que me voy a afiliar a la asociación propuesta por el sr. Parker en el anterior post. ¿Qué toca mañana? Yo te propongo G.I.Joe, más que nada por continuar con el tema revival :-P