10.8.09

Mediterráneo

Verano intenso. Especialmente bello. Lleno de vivencias. De volver a escribir (casi terminada una novela a la que creí que jamás pondría punto y final). De deambular por paisajes que alternan tan pronto la elegancia nórdica de Estocolmo con los bulliciosos teatros londinenses. Quien niegue que una de las grandes ventajas de ser profesor son los largos períodos de vacaciones, miente. Es extraordinario recobrar los extensos veranos de la infancia, dos meses en los que dedicarse, sencillamante, a ser uno mismo -a ser yo en pareja, en familia, con amigos- y dejarse llevar por el hecho de vivir sin ataduras de horarios ni exigencia alguna que no provenga del propio deseo. Por eso este mes, en nuestro periplo post-homérico, hemos decidido que nos toca aparcar momentáneamente el norte de Europa y saborear la luz mediterránea. Y así, este post se escribe ya desde el aeropuerto, minutos antes de embarcar, a punto de devorar el mar de Mallorca. Y con él, todos los colores, aromas y perfiles de la isla. Aunque sé que Vargtimen me pondrá en su lista negra por ello, entre las músicas para acompañarnos estos días me llevo el último disco de Bebe que, cuanto más escucho, más me gusta. Hay un aire de serena melancolía en él que me parece especialmente honesto. Y hermoso. Con ella les dejo... por unos días, tan solo. Hasta la vuelta.

1 comentario:

Arual dijo...

He de confesarte que no sería una buena profesora, creo que para serlo hay que tener vocación, y no la tengo, pero en cuanto llega el veranito no veas que envidia me das con esas vacaciones tan largas... jeje!!
Disfruta de Mallorca, es una isla que ya he visitado un par de veces y me encanta, espero que ningún otro incidente como los de ayer os estropee las vacaciones y bueno yo aquí me quedo currando una semanita más y el viernes si nada me lo impide diré eso de me las piro vampiro también!