10.9.09

¿Más ordenadores en las aulas?

Un ordenador por cada alumno es, según los medios de comunicación, la medida más necesaria de la educación española. El defensor del pueblo, por si acaso, apunta otra idea: hay que renunciar al tuteo alumno-profesor y volver al usted para evitar los problemas de disciplina. Ya, de paso, ciertos columnistas y otras especies periodísticas se apuntan al tema del botellón para culparlo de todos los males que nos aquejan.

Es curioso que un tema como la educación se analice de manera tan superficial y, cómo no, tremendista. De nuevo se insiste en que faltan ordenadores, cuando lo que realmente faltan son recursos humanos. Volvemos, de repente, a las aulas con más de treinta alumnos en la Secundaria y el Bachillerato de la enseñanza pública, lo que va en detrimento de la calidad de enseñanza. Que tengan un ordenador o no en su mesa es lo de menos: han nacido con ello y lo manejan con total normalidad. El problema no está en las pizarras digitales, sino en las aulas sobrecargadas, en los absurdos itinerarios escolares y en el nulo interés de sentarse a establecer un verdadero plan educativo que borre los desastres ocasionados en sucesivas leyes estúpidas: LOGSE, LOCE, LOE... un sinfín de siglas para resumir un fracaso rotundo del que se empiezan a atisbar las consecuencias. Evidentemente, entre las propuestas para mejorar la calidad de enseñanza nunca figura ningún tipo de revisión de las condiciones laborales de los profesores. Productividad, aumento salarial, pluses a cambio de ciertas funciones..., todo ello ayudaría -igual que ocurre en el sector privado- a incentivar al sector. El hecho de que esas mejoras no existan tampoco nos exime a los profesores de ningún tipo de responsabilidad, pero digamos que ambos conceptos no son incompatibles. ¿Se puede mejorar un sistema sin intentar mejorar también las condiciones de quienes forman parte activa del mismo?

En cuanto al tuteo y al botellón, se trata de simplificaciones lamentables. Y cansinas. Creer que el modo de mantener la disciplina es emplear el usted en las aulas resulta, cuando menos, irrisorio. Personalmente, jamás he tenido problema alguno al respecto y, por supuesto, tuteo y tutearé siempre a los alumnos quienes, con el tiempo, tal vez se conviertan en amigos o, cuando menos, en conocidos. Claro que no se trata de fingir colegueo, pero el respeto y la autoridad no van reñidos, en absoluto, con el afecto. Y sobre el botellón, ¿qué esperamos? ¿Que los adolescentes paguen un dinero que no tiene por entrar a locales donde no pueden pasar? ¿Que no prueben sus primeras copas, sus primeros ligues, sus primeros lo que sea en un parque o en una plaza? Por supuesto que hay que evitar la violencia y los actos de vandalismo, pero esos son casos aislados. No generalizables. Es curioso que algo así desate tanta polémica y que, sin embargo, nos parezca tan normal que nuestras calles se llenen de encierros -esa costumbre bárbara y lamentable-, o de tomatinas y otras sandeces en las que se tira de una coartada supuestamente cultural para hacer el merluzo.

Sin embargo, mientras los periódicos se preocupan de este tipo de cuestiones e insisten en colgar ordenadores a los alumnos a la vez que se nos insta a hablarles de usted, la televisión nos deja imágenes que, honestamente, sí me preocupan y alarman a partes iguales. Imágenes que hacen plantearse cuál ha de ser el sentido de la educación, si es que lo tiene. En concreto, hoy me he sorprendido al ver un vídeo del nuevo GH (nota al margen: ¿cómo es posible que siga habiendo nuevas ediciones de un formato agotado?) en el que unos simpáticos jóvenes fingen violar a una muñeca con un cepillo de dientes. Se supone que es una broma divertida (así lo vende el programa en los vídeos que ofrecen en su web) y un simple juego en un país donde, lamentablemente, tenemos un número alarmante de episodios de violencia sexista. Después, en otro programa de esa misma cadena -Hombres y mujeres y viceversa- aparece un tipo hipermusculado, calvo y malhablado que, a pesar de su corto vocabulario -tanto como sus neuronas- dice todo tipo de brutalidades a una serie de chicas que aspiran a estar con él (esto último me resulta del todo incomprensible). A su lado, otro individuo menos musculado pero igulamente vacuo y antipático, reparte idénticas barbaridades a una chica morena y de pelo rizado de la que dice desconfiar y a la que trata con un desprecio injustificable. El público del plató, lejos de escandalizarse o de mandar a la mierda a esos dos especímenes, ejemplo del macho ibérico que yo creía en vías de extinción, resume la bronca como un ejemplo de relación fogosa o pasional, es decir, como algo natural y cotidiano. Está claro que si el hombre no pierde el respeto a la mujer y la trata como si fuera un objeto, la relación no es ni fogosa ni pasional ni nada que se le parezca. Al menos, esa es la imagen que el programa transmite.

Eso sí que me parece grave. Algo debemos estar haciendo mal para que los alumnos no solo no sepan escribir o leer correctamente, sino -mucho peor- para que no sepan relacionarse entre sí sin reproducir modelos violentos, misóginos y homófobos que ha costado mucho tiempo superar y que, evidentemente, no se han superado del todo. Si las dos escenas de estos programas son algo tan aceptable y lúdico, es que realmente sigue siendo necesario que en las aulas trabajemos conceptos como el respeto o la igualdad en vez de empeñarnos en que los chicos hagan toda suerte de trabajos más o menos estúpidos en powerpoint.

4 comentarios:

SisterBoy dijo...

Yo pasé parte de mi infancia en ese tipo de educación que algunos añoran y nosotros (a pesar del usted y de alguna que otra ostia) no sentíamos ningún tipo de respeto por los profesores por el simple hecho de que lo fueran, como en todos los demás ámbitos de la vida el respeto se lo ganaban algunos y otros no.

Es sólo otra gilipollez de la derecha al igual que lo de los ordenadores (y lo de la devolución de los 400 euros y lo de los 2.500 euros y este paripé de la subvención semoviente) es otra gilipollez de Zapatero.

Cinephilus dijo...

Qué pena, Sisterboy, que no vivas en Madrid para quedar de cañas de vez en cuando: no sabes lo que se agradece tu sempiterno sentido común. En fin, que podría firmar tus palabras tranquilamente. Gracias por la habitual sensatez ;-)

coxis dijo...

las pizarras digitales colocadas ¡y nadie sabe usarlas! ¿Alguien se ha molestado en organizar un cursillo en condiciones?

Pero claro, luego abres el periódico y dicen "se han instalado taitántas pizarras digitales" y todo el mundo "oooooh"

Cuánto politiqueo hay en esta profesión

Cinephilus dijo...

Imposible decirlo mejor, Coxis... Politiqueo, muchísimo; pero política educativa, cero.