15.10.09

Perplejidad(es)

Debe ser porque me siento un poco más misántropo de lo habitual, pero mi capacidad de sorpresa se ha visto renovada estos días. Y no tanto por la novedad, sino por la repetición de modelos que creía ya más que superados... Empecemos.
1. Perplejidad A
Antena3 ha estrenado un nuevo cutre-reality en el que unos adolescentes son educados como si, supuestamente, viviesen en el año 1963. La propuesta está producida con toda la pobreza y falta de imaginación a la que esta cadena nos tiene acostumbrados y, en definitiva, no deja de ser otra variante -entre cientos- de Gran Hermano. No me sorprende que encierren adolescentes, ni siquiera que disfracen a unos supuestos profesores del modelo más rancio y casposo imaginable, es más, ni siquiera me sorprende que un bodrio de estas dimensiones tenga un éxito absolutamente inexplicable. Lo que sí me deja boquiabierto es que esta memez reaccionaria dé lugar a supuestos debates en los que hay quienes defienden un modelo de educación similar, basado en el autoritarismo más decadente y en la disciplina más incontrolada. Algo se tiene que estar haciendo realmente mal para que haya quien defienda un modelo dantesco como una opción real. O eso o hay mucho descerebrado suelto por ahí.
2. Perplejidad B
Tampoco me sorprende que siga teniendo éxito cierto programa en el que la reina de la telebasura, Emma García, busca novio/novia a unos tipos a los que llaman "tronistas" y que deben seleccionar a su amor ideal entre un grupo inefable de pretendientes. Tampoco es un formato novedoso, se basa en provocar la vergüenza ajena -eso, admitámoslo, lo consiguen- y en despertar, continuamente, el morbo del espectador. Ni siquiera me sorprende que uno de los tronistas sea un tipo rapado y cargado de anabolizantes que luce su analfabetismo con la misma apostura con la que exhibe bíceps, convirtiéndose en lo que, según el programa, sería un ideal de galán y, por tanto, de "tronista". Lo que sí me deja, de nuevo, perplejo es que haya mujeres dispuestas a pretender su conquista después de ver cómo veja a todas y a cada una de las chicas que pasan por su lado. Bien es cierto que solo he soportado ráfagas de este programa -soy incapaz de digerir más de diez minutos de este veneno-, pero en todas ellas ha tenido algún tipo de comportamiento vejatorio, sexista y, cuando menos, borde y grosero con las supuestas pretendientas. ¿Tan poco hemos avanzado en este asunto? ¿Tanto se cotiza el kilo de músculos de gimnasio de barrio? ¿Cómo es posible que se vea ese trato violento y ordinario contra la mujer como una conducta normal en pleno siglo XXI?
3. Perplejidad C
En esta misma línea, tampoco me sorprende que sigamos teniendo Gran Hermano, a pesar de que el formato haya muerto en todos los demás países del mundo civilizado o, en su defecto, haya quedado como un simple reducto a olvidar de televisiones pasadas. Aquí, lejos de desaparecer, se mantiene con elevados índices de audiencia y sigue siendo protagonizado por una presentadora que, hace tiempo, perdió la cabeza. Pero lo que me sorprende, una vez más, no es su existencia -cada cual pierde tiempo con lo que le apetece- sino el modelo de tío que, de nuevo, se nos ofrece. No conozco a los concursantes de este año, pero sí he visto en algún zapping a un tipo vulgar, basto, malhablado y profundamente hortera que dice llamarse Arturo y que tiene por costumbre insultar a la chica -de esa sí que no sé el nombre- con la que supuestamente está enrollado. La emisión de esas trifulcas de un gusto pésimo a todas horas en la -recordemos- "cadena amiga" es, cuando menos, un acto totalmente irresponsable en un país como el nuestro, donde la violencia doméstica alcanza unas cifras tan desoladoras y elevadas. Lo peor tampoco es que algo así se emita -hace tiempo que no espero ética de la televisión- sino que el público lo valore como algo normal, gracioso o hasta pintoresco. El argumento de "pero está muy bueno" parece que tanto en este caso como en el del primate calvo del otro programa anulan cualquier otra opinión sobre sus formas o sus ideas. Es decir, que se puede ser misógino si se está cuadrado. Genial, todo un alivio.
4. Perplejidad D
Entiendo el éxito (frívolo) de Sexo en Nueva York, siempre que no se tome como una especie de biblia sobre el amor y la sexualidad femeninos. Si se ve como un pasatiempo tontorrón de gente vestida de marca en sitios monos de NY, vale. Pero nada más. Lo que no entiendo es que se acabe de publicar -con visos de best seller- un libro titulado Por qué los hombres quieren sexo y las mujeres necesitan amor. Y lo peor no es que haya un cenutrio -o una cenutria, vaya usted a saber- que escriba semejante prejuicio en no sé cuántas páginas, ni que una editorial decida publicarlo (es evidente que el criterio editorial -con excepciones- murió hace años), lo que me sorprende es que se esté vendiendo y, sobre todo, que haya mujeres que lo compren, en lugar de sentirse ofendidas al ser, una vez más, privadas del sexo como parte de su identidad. Que si ellas de Venus, que si nosotros de Marte... Y el tópico sigue vendiendo y funcionando, porque de repente parece que nadie se da cuenta de que está volviendo una ola brutal de conservadurismo que amenaza con llevarse todos los logros conseguidos -y eso que estaban a medio hacer- en décadas anteriores.

2 comentarios:

Arual dijo...

Perplejidad E: ¿Y por qué nadie se echa a la calle para protestar por la subida de impuestos que está a punto de acometer el gobierno? Pues porque estamos entretenidos delante de la tele viendo las perplejidades A,B,C y D, y mirando si empizamos a sentir algunos de los síntomas de la gripe A (esto más que un comment parece un problema matemático) y por eso no nos damos cuenta de la atrocidad que está a punto de cometerse!!!

Su dijo...

Perplejidad A.
Algo tiene que estar removiendo en los cráneos pseudo-pensantes de este país, cuando el jueves la directora del departamento del Orientación del cole de mi hijo me nombró este programa como ejemplo de lo que me estaba comentado (obvié decirle que no seguía el programa).

Perplejidad B.

Tanto los hombres como las mujeres que van al programa son niños guapitos y poco más, que buscan sus 15 minutos de gloria.

Perplejidad D.

Como fan total y absoluta de “Sexo en Nueva York”, he de admitir que la serie está bien, dentro de su contexto: pues eso, como serie entretenida y poco más. No encuentro ningún modelo a seguir (todos los personajes son tan extremos que es difícil identificarse con alguno de ellos).

Lo que me deja de piedra es que todavía, hoy día, haya personajillos que todavía caigan en los tópicos y diferencien el comportamiento entre machos y hembras. Más allá del nivel genético… ¿realmente las mujeres sólo buscamos amor?, ¿de verdad los hombres sólo desean sexo?. Los príncipes azules ya no existen. Para cuando admitir la igualdad.