17.10.09

Si la cosa funciona... y sí, funciona

Hacía tiempo que no me reía en una comedia. No me interesan ni me divierten las supuestas gracietas de Appatow ni, mucho menos, las de sus imitadores. Tampoco me han gustado nunca las comedias supuestamente gamberras ni las parodias facilonas y hace siglos que no se hace una buena comedia al estilo clásico de Hollywood. Creo que la última vez que me reí con ganas tuvo que ser en alguna peli de Pixar y, para mi sorpresa, en aquella rareza de Lars Von Triers llamada El jefe de todo esto, que me pareció hilarante en su crueldad. Sin embargo, la comedia es un género descuidado en el cine, quizá porque es francamente difícil hacer reír sin caer en lo zafio, en lo banal o en lo tópico. Por otro lado, no entiendo que la comedia cinematográfica esté de capa caída cuando los guiones televisivos sí que aportan ideas más que válidas en este género, ya sea en comedias menores pero eficaces como la de Cómo conocí a vuestra madre -que sin volverme loco, me divierte- o en soap operas entretenidos y ácidos como las ya clásicas Mujeres desesperadas.

Por eso, supongo, he agradecido tanto los noventa minutos de Si la cosa funciona (Whatever works), la última película de Woody Allen. Su estreno no me suscitó mucho interés -salvo por el nombre de su director, claro- y la presencia del actor principal tampoco me parecía un gran motivo para ir a verla. No me suelen gustar las películas en las que Woody emplea a otro como alter ego. Tenía curiosidad por ver a Evan Rachel Wood (sobre todo porque sé de dos que nos vamos a Nueva York en unos meses para verla estrenar el musical de Spiderman con música de Bono) y admito que siento cierta debilidad por Patricia Clarkson, además de por ese bellezón llamado Henry Cavill, que tan buenos momentos nos ha dado en esa gozada sensual llamada Los Tudor. Pero, en conjunto (y sabiendo que ni siquiera aparecería desnudo Mr. Cavill), la película no me atraía en exceso y, lo confieso, tampoco he corrido a verla.

Quizá por todo ello, ayer me encontré con una gratísima sorpresa. Una película sencilla, nada pretenciosa, lejos de los excesos rimbombantes de algunos títulos recientes de Woody y, sobre todo, con un necesario regreso a ese Nueva York donde ha dado lo mejor de sí mismo. No cuenta nada nuevo -en el fondo, lleva años sin hacerlo-, pero lo cuenta bien y consigue, con una habilidad pasmosa, retratar neurosis, miedos y obsesiones actuales (muy actuales: me admira su capacidad para integrar el hoy en su cine) en un guión divertido, hilarante e ingenioso. Por supuesto que la acción es evidente, pero en ningún caso pretende que no sea así: el desenlace se anuncia desde el comienzo y el autor insiste con guiños diversos en que solo estamos viendo una ficción caprichosa donde los sucesos se guían por el arbitrio de su autor (divertidísimo el momento del destino llamando a la puerta, por ejemplo, o la caída sobre su nuevo y definitivo amor: el final, en el fondo, no es más que un fin de fiesta gozoso y cínico a la vez que pone en evidencia el nulo afán realista de la trama). La acción solo se plantea como una excusa para desarrollar un monólogo cínico, desengañado y, sin embargo, feliz sobre la condición humana, así como sobre otra de las grandes obsesiones del último Woody: la suerte, aunque aquí se cambie la trama dostoievskiana y la pelota de tenis de Match point por una comedia ácida y supuestamente trivial. El film se presenta como una suerte de mezcla imposible entre Sartre y Molière con ciertos toques de Bernard Shaw y, cómo no, de Brecht, en esa continua ruptura de la cuarta pared para distanciarnos de la acción y obligarnos a fijarnos en las palabras.

Larry David domina la función con soltura (parece que su personaje fuera la evolución esperable desde Seinfeld) y, sobre todo, con gracia, dándole a su rol una credibilidad que me resulta francamente difícil de conseguir, ya que todos los papeles de la película son claros y forzados estereotipos. Y, sorpresa entre las sorpresas, Evan Rachel Wood le da una respuesta más que aceptable en la enésima recreación woodyallenesca de la nena-rubia-mona-tonta, que nos recuerda -inevitablemente- a la Mira Sorvino (¿qué fue de esa mujer?) de Poderosa Afrodita (¿y por qué -a propósito- ni este título ni Balas sobre Broadway han podido aún ser editados en dvd?).

Personalmente, me sorprende la capacidad de Allen para seguir escribiendo conversaciones -y monólogos- tan divertidos y punzantes, su talento para un humor intelectual -que no pedante- y su capacidad para seguir usando los mismos temas con diferentes recursos. Escenas como el diálogo entre el padre de la joven y el gay divorciado, por ejemplo, son ejemplos de cómo escribir un gag cómico sin caer en el humor de brocha gorda y resultando, sin embargo, francamente gracioso. Lástima que el hecho de hacer reír -con o sin talento- sea condenado siempre al ostracismo artístico tanto en novela, como en teatro o cine, motivo por el que esta película puede verse como una nadería sin fijarnos en lo difícil que resulta arrancar tanta carcajada con una idea tan sencilla.

Si la cosa funciona, exactamente como ya nos avanza su título, no creo que aspire a ser una obra maestra. Tan solo aspira a eso: a funcionar (mientras lo haga). Inevitablemente, hay algún bache, e incluso algún momento más insulso, pero el conjunto es divertido, ágil y directo. Y la crítica que contiene resulta mucho más mortífera e inteligente que cualquier alegato de Michael Moore (cómo la idea de situar el diálogo madre-hija ante las figuras republicanas del museo de cera).
Lo mejor, supongo, es que me quedé con ganas de volver a verla para reírme de nuevo y, sobre todo, que sigo recordando algunas frases, ideas y citas de una película que, sin grandes aspiraciones, respira mucha más verdad que gran parte del cine que se estrena a su alrededor. Si les apetecen, véanla. Pero sobre todo, riánse.

9 comentarios:

3'14 dijo...

Acabo de verla, y bueno, reirme, no me he reído. No a carcajada suelta, y sí hacia dentro, no se si me explico. Pero tampoco es necesario desternillarse para que algo te resulte gracioso o te divierta.
Realmente no es pretenciosa, y eso le hace ganar puntos. Me gusta como se ríe de sí mismo a través del personaje de Larry David, por cierto, ya estás tardando en ver Curb Your Enthusiasm, créeme, te va a entusiasmar ;)

Celebro, al igual que tú, que haya regresado a su escenario habitual, desde el cual ha prodigiado las auténticas maravillas de su obra. Realmente no dice nada nuevo, y debo reconocer que me estaba empezando a cabrear con el estereotipo chica-jovén-boba deslumbrada por viejo-genio-gilipollas, que evidentemente no he podido evitar recordar aquella poderosa afrodita, pero el final está bien resulto. Realmente es complaciente, je

Creo que la cosa sí funciona. A mí, por lo menos, me ha sentado bien la hora y media de película. Me quedo con el discurso del prólogo ¿Tú no? :D

SisterBoy dijo...

Bueno como dije en mi casa espero verla en v.o. muy pronto pero no me olvido de que han hablado de ella, nos vemos entonces

Cinephilus dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, 3,14, el prólogo me pareció antológico ;-) Y tomo nota de tu recomendación. Me lo apunto en mi lista de pendientes para ver. Besotes

Nos vemos entonces, Sisterboy. Tus opiniones, ya lo sabes,siempre son bienvenidas. Por cierto, me encantó el post de Mer sobre Los Soprano. Qué serie... Qué grandísima serie...

Arual dijo...

Yo es que como es de Woody le tengo muchas ganas...

Arual dijo...

Ah y no me compares la comedia de Apatow con la de Woody eh!!

Paco Banjac dijo...

Estoy francamente sorprendido. Hacía mucho tiempo que no leía algo que me atrapase de esta forma. Me ha gustado especialmente la entrada que titulas "4ever". Y coincido contigo y con Arual; Woody está a kilómetros de Apatow.
Bueno; pues me declaro fan de cinephilus. Es adictivo.
Un fuerte abrazo.

Cinephilus dijo...

Gracias por tu amabilísimo comentario, Paco. Nos vemos por aquí ;-)

Anónimo dijo...

Y... si la vida era eso?

Arual dijo...

Posteo sólo para decirte que la cosa sí me funcionó. Vi la última de Woody este sábado en el cine y fueron 90 minutos la mar de agradables, relajada, acompañada de mi madre y mi hermana y encantada con la vuelta de Allen a su NY querido. Ah! Y con comentarios añadidos de mi progenitora del estilo: "Eh yo también estuve allí!"
Larry David es un estupendo alter ego suyo y tiene puntos muy divertidos. Me encanta ese punto obsesivo-compulsivo tan alleniano del prota. Hipocondríaco hasta la médula y con esa concepción del mundo tan auténtica. Es una vuelta al Allen setentero muy acertada, la verdad.