25.10.09

La visita

Llega a veces. Sin avisar. Traidora y alegórica, como la hora que se resta al día para que anochezca antes. Para que la oscuridad nos ahogue con la excusa del ahorro energético. Para que sigamos siendo productores de no sabemos qué para no sabemos quién. Y se instala sin decirnos por qué. Con la sonrisa boba de uno de esos sociólogos que nos llaman generación peter pan y que se enzarzan en debates estériles sobre lo que soñamos y lo que tenemos. Sobre lo que somos y lo que quizá vayamos a ser. Y, entonces, sin decir apenas nada, nos acompaña como la losa de esas hipotecas de las que habla el sociólogo en un dominical donde no se cuenta nada más que trivialidades, como la publicación de un nuevo best seller que nadie necesita o la conversión en actriz de una protagonista insulsa del papel couché. Luego, sin hacer ruido, se sienta junto a nosotros y ojea ese periódico mientras encendemos la luz, porque en nuestro ecomundo ecoperfecto hoy hay menos horas de ecoluz y más minutos de ecooscuridad. Nos hace un guiño insípido y la sabemos ahí, agazapada en el dvd donde dudamos si poner el House 6x03 o el Mad Men 3x08. Tal vez no lo dudamos, tal vez fingimos dudarlo para ganar más tiempo. Para sumar minutos y lograr que regrese a nosotros la hora que nos quitaban. Que pretendían hacernos creer que ganaríamos. Igual que ganamos el nombre de X, o de Peter Pan, o cualquiera de esas etiquetas que fabrican en serie los sociólogos cuando les regalan una hora de luz y de madrugada. Deberían robarnos los domingos y regalarnos sábados, supongo. Llenos de músicas y de bares. De ruido y de restaurantes. De sexo y de furia. Pero queda el domingo y el periódico sobre el sofá y las páginas naranja que ya ni siquiera consulto y el 6x03 recién descargado en el que seguramente los subtítulos no vayan al mismo tiempo que la imagen. Y mientras se toman decisiones vanas -dominicales- sabemos, por fin, que ella está ahí. Que nos mira densa y rutinaria. Y pensamos su nombre pero preferimos no decirlo en voz alta. Confiamos que el silencio deshaga su existencia abstracta, pero pegajosa. Y entre anuncios que venden familias en coche y amigos en pizzas para microondas, pulsamos el play. Para nuestra sorpresa, los subtítulos van bien sincronizados. Show must go on.

3 comentarios:

Arual dijo...

Ayer llevé el domingo tan al revés que casi me alegré al sumar una hora más!

3'14 dijo...

¡¡Me encanta, me encanta(s), me encanta!! ¡Bravo! Pero por el amor de Dios, que aaaaaaaaaarte el tuyo para con la descriptiva cargada de sensaciones :D Lo estaba viviendo, incluso podía oler el café todavía humeante en la cafetera y el juego de tazas y platos desplegado por el salvamanteles, aun por recoger, de una larga sobremesa de domingo, trasladada al sofá para el resto de la tarde.

Me vino de sorpresa, pero como no trabajaba incluso me hizo ilusión, el falso espejismo de que "me regalaban" una hora más, además, coincidiendo con un fin de semana que podía pasar con mi chico, me alegró. La depresión surgió a las 6 de la tarde, cuando ya oscurecía y mi pareja hacía hora y medía que se había ido... Así que no es tanto la luz que nos acompaña, ni las horas del día que vivimos, lo que nos de vitalidad, si no con quien compartimos luces y también sombras.

Por cierto, espabila, que yo ya voy por el 06x05 ;)

SisterBoy dijo...

Con lo bonito que es salir de casa por la mañana y que aún no haya amanecido del todo.