16.11.09

Hiperqué

Es falso que la hiperestesia sea un don. Una mentira como otra cualquiera para buscarle sentido al dolor que nos causa el exceso de sensibilidad. La recepción hiperbólica del entorno. Y sí, puede que eso favorezca la empatía. Y que nos haga más conscientes de todo y de todos. O hasta, como creen los snobs y los creadores de la autoproclama y el libelo, que nos dé ideas artísticas. Pero todo eso no son más que excusas para ocultar que la hiperestesia nos lleva a sufrir por el detalle, aun cuando queramos borrarlo, olvidarlo, convertirlo en una décima de segundo que no deje rastro. Pero ahí está. Persistente y obsceno. Opaco en su presencia y cansino en su rutinario recuerdo del dolor que provoca. Aunque solo sea una llamada, un telefonazo, el sonido que se hace presente una y otra vez cuando no debiera. Una llamada -una visita, una llegada, una simple amenaza- que interrumpe la tarde y se suma a interrogantes más o menos justificados. A iras más o menos conscientes. A eventos tan absurdos como racionales que, en su cóctel de real irrealidad, nos llevan a dejar que la hiperestesia nos sacuda, nos ahogue, nos devore. Y todo ese huracán sin más razón que sabernos débiles y frágiles. Vulnerables y huraños. Radicalmente humanos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo tampoco creo que sea exáctamente un don, pero sí que hay personas que, lejos de esconderse bajo el colchón, le sacan partido y son capaces de redactar algo tan desgarrador y a la vez tan bonito como tu post.
Besos

Sinclair

SisterBoy dijo...

¡Que se lo digan a Roderick Usher!