12.12.09

In the loop


Humor e inteligencia. Así de simple. Un binomio sencillo pero, honestamente, difícil de encontrar en el cine reciente. Y sin embargo, hay quien con no demasiados medios pero sí una desbordante imaginación, lo consigue. Así que aquí tenemos una parodia demasiado irreal como para no ser real en la que USA quiere provocar una guerra -sin pruebas- y convence a Inglaterra para que se deje manipular y arrastrar, de paso, a parte de Europa. El argumento de In the loop, como ven, no tiene relación alguna con la historia internacional reciente.

Y como, para colmo, la película es británica, el guión no opta por la complacencia (como los chistes en plan "qué guay que somos" de la autocomplaciente Spanish movie..., pero de esa cosa hablamos otro día), sino por una crítica ácida, dura e inmisericorde con todo y con todos. Los actores, por si fuera poco, no solo lo hacen bien, sino que improvisan aún mejor y construyen personajes llenos de vida y matices dentro del estereotipo caricaturesco que representan.

Algunas escenas son simplemente soberbias y, aunque el conjunto no deje de tener la factura de un gran episodio televisivo, la película resulta interesante y divertida a partes iguales. La pega, que le debe mucho a series como El ala oeste de la Casa Blanca y que, quizá por su origen televisivo (The thick of it) parece un producto televisivo. El pro: ¿y qué más da? ¿Por qué no ver en pantalla grande historias como esta? Sinceramente, prefiero cualquier episodio de Desperate Housewives o Mad Men a la mayoría de simplezas americanas -con o sin Sandra Anniston ¿o era Jennifer Bullock?- que se estrenan sin compasión en nuestras salas. Por mí, que empiecen a estrenar las series en cine y dejen el cine para la televisión. Total, saldríamos ganando.

En defnitiva, un sanísimo ejercicio de sátira política que consigue lo que no redondeaba la fallida Burn after reading (aquí no necesitan toques estrafalarios como la máquina sexual que montaba Clooney) y que, a su modo y salvando las distancias, constituye una estupenda puesta al día de aquel Teléfono rojo de Kubrick. Bien, en esta no tenemos a Peter Sellers, pero cada escena del malhablado y genial Peter Capaldi nos permite olvidarnos también de eso. Ah, y para quienes echamos de menos a Tony Soprano, aparece James Gandolfini. Nota (de un fan desesperado) al margen: ¿Por qué no vuelve la familia Soprano? ¿Realmente es posible la vida sin ellos? (...)

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