28.1.10

Cutres vs. Ficción

Resulta difícil engancharse con las series made in Spain. Y no solo porque estén a años luz de las americanas, sino porque incluso cuando tienen cierto interés han de sufrir la absoluta falta de respeto que las televisiones sienten ante cualquier producto de ficción digno en el que no aparezca ni la nariz asimétrica de la Esteban ni la caspa gritona de la Marchante.
Este es el caso de Acusados, una versión correctita de Damages que, a pesar de estar a años luz de su modelo, sí consigue un cierto clima de suspense y, sobre todo, ofrece un buen puñado de interpretaciones, con una soberbia Blanca Portillo a la cabeza.
Ayer, sin embargo, su episodio 2x03 fue pospuesto para deleitarnos con la final de un reality trasnochado y anacrónico, en el que su insufrible presentadora -otrora periodista- gritaba estupideces mientras una choni rubia y un pelanas hortera incapaz de construir bien dos frases seguidas se disputaban el premio gordo.
Lógicamente, acabé en los brazos de un par de episodios míticos de Los Soprano y bendije el emule y los canales de pago por su existencia. Y es que cada día tengo más claro que HBO es la única religión verdadera.

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Nuevos tiempos

He aquí mi primer post iphónico. Inaugurará este hecho una nueva etapa haiku en Prime Time? Ya lo veremos... ;-)

24.1.10

Take it all

Se acercan los Oscar, llegaron los Globos de Oro, amenazan los Goya... Y, con todos ellos, la pertinente avalancha de estrenos deseosos de arañar algo en la entrega de premios correspondiente. De momento, nos quedaremos con seis títulos: Sherlock Holmes y Nine, en el apartado cine; Glee y The good wife, en el de televisión; y El holandés errante y El Narciso en su opinión, en el escénico. Seremos sintéticos, eso sí, que -hoy- otras obligaciones mandan...

1. Nine
Decepcionante. Queda demostrado que lo de Chicago fue, sobre todo, suerte. Suerte porque Bob Fosse sí que es un genio y tanto la partitura como la historia de Chicago es, simplemente, uno de los hitos de la historia del musical. Pero su director, el blandito Rob Marshall, ya estuvo a punto de dormirnos con su insufrible Memorias de una geisha y ahora nos regala un musical frivolón y superficial que ni siquiera es tan aparente y excesivo como debería. Lo peor de todo es la capacidad de su autor para destrozar, literalmente, todos los números musicales. Resulta imperdonable que los haya machacado gracias a un montaje que consigue interrumpir casi todas las canciones y sus coreografías, como si el espectador del género del musical tuviese el más mínimo interés en oír los diálogos insulsos o en ver los mohínes del reparto. En este sentido, es especialmente triste la forma en la que se carga la excelente interpretación que la Cotillard hace de su Take it all. Tampoco le saca el partido necesario a temazos como Be italian (bravo, Fergie) o Cinema italiano (con una divertidísima Kate Hudson), porque no coloca la cámara de modo coherente ni una sola vez, así que -gracias al montaje espídico y la dirección desconcertante- nos perdemos el juego, el baile, la desmesura y, sobre todo, el ritmo. El reparto está bien, a pesar de que Day-Lewis sobreactúe en cada plano y se haga cada vez más cargante conforme avanza el filme. Estupenda la Dench, resultona Pe, magnética Fergie y elegante la Cotillard (su desmelene final es lo mejor del filme). Por lo demás, la película se ve sin esfuerzo pero, también, sin entusiasmo.
En cuanto a su puesta en escena, se trata de uno de esos nuevos musicales cobardes que no saben intregrar acción y música, de modo que todos los números tienen lugar en el mismo escenario de cartón piedra, imitando un procedimiento que ya usó en el cabaret de su Chicago y que aquí se revela pobre, insuficiente y, sobre todo, simplón. Para ver algo así habría ido al teatro. El musical en cine debe tener su propio lenguaje y la solución de construir un teatro dentro la película para ejecutar en él todos los números musicales me resulta pueril y facilona. Digamos que esta cutre técnica es al musical lo que el abuso de la voz en off a la adaptación cinematógrafica de una novela.

Por último, no deja de sorprenderme el poso misógino del filme, lleno de actrices espectaculares que interpretan personajes florero en una trama que traiciona todo lo que de interesante tuvo el magistral Ocho y medio felliniano. Supongo que este hecho -su tufo machista y, peor aún, asumido- se suma al desagrado que acabó provocándome la película...
2. Sherlock Holmes
Sencillamente, me gustó. Y eso que es mejorable y previsible..., pero supongo que ya se encargarán de afinar más los instrumentos en la secuela de una previsible franquicia sustentada en tres talentos diversos pero convergentes: Ritchie, Law y Downey Jr. Honestamente, me parece estupendo que alguien se lea de nuevo las novelas de Conan Doyle y se dé cuenta de que esta pareja de detectives no puede ser tan hierática, sosa y plasta como nos la había pintado el cine hasta ahora. Basta con adentrarse en la fascinante Estudio en escarlata para darse cuenta de que el tándem Holmes-Watson es mucho más moderno de lo que nos han querido mostrar hasta la fecha. Y lo mejor de todo es conseguir que esa visión de los personajes se ajuste perfectamente a la mentalidad de los nuevos espectadores del siglo XXI, con lo que -sin duda- motivarán a más de un joven lector a lanzarse de lleno en las novelas. La química Law-Downey Jr. es innegable (los adoro a ambos) y su juego sutilmente homo funciona durante todo el filme. Confío en que en la próxima entrega tengan un villano de su altura que complete el triángulo y al que Ritchie (me gusta su forma, aunque sea algo cansina, de explicar la acción mediante imágenes) le dé más cancha. Un divertimento impecable y que, al menos, no insulta la inteligencia del espectador, como sí hiciera Avatar.

3. Glee
La mejor telecomedia de este año. Su primera temporada nos devuelve al creador de Nip/Tuck en plena forma. Un reparto en continuo estado de gracia, unos guiones que funden sin complejos el humor más gamberro con la ternura (solo una sombra de duda: por favor, que el gamberrismo no ceda en la siguiente temporada..., si cargan las tintas sensibles arruinan la ficción) y, sobre todo, una música pegadiza que hace que esperemos con más y más ganas el siguiente episodio. Como detalle -uno entre mil-, destacaría la relación entre Kurt y su padre, uno de los ejemplos más hermosos de relación padre e hijo gay que nos ha dado la televisión reciente. Y, desde ya, me declaro fan absoluto del profe, ah, y de su estilista. Por supuesto, ya he ido un par de veces al insti vestido como él...

4. The good wife
Globo de oro (merecido) a la protagonista. Una serie que comienza sin hacer demasiado ruido y que, poco a poco, gana en contenido y en interés. Los personajes, bien sostenidos, construyen una trama que atrapa a pesar de que no nos cuente nada que no hayamos visto antes. Sin embargo, tanto el ritmo de los episodios como la disección -sentimental y legal- de sus historias hace que se siga con interés creciente. Habrá que esperar a la siguiente temporada para emitir un juicio más ponderado pero, al menos, de momento no es un bluff al estilo de Flash forward o similares. Al menos, empezar series así me hace olvidar que mi favorita -Desperate housewives- se esté convirtiendo en una bochornosa sucesión de gags flojitos de aprendiz de guionista, eliminando personajes irónicos y divertidos -como Eddie o Karl- y apostando por tramas reiterativas y cada vez menos interesantes. Confío en que Bree y Lynette sepan cómo rescatar esta serie y devolverle el ingenio y la gracia... Y, ya que hablamos de fiascos, admito que no me interesó nada la cuarta temporada de Dexter (aunque celebro el globo de oro para su prota, quien lo hubiera merecido años atrás por esa maravilla que es Six feet under). Lo peor, el giro del último episodio, que me resulta gratuito, excesivo y, encima, previsible. No sé por qué, toda la temporada intuí que pasaría. Y cómo no, pasó. Estoy harto de que para enganchar tengan que dar golpes de efecto de ese estilo...

5. El holandés errante
Nos limitaremos a decir que Alex Rigola ha propuesto una de las puestas en escena más ridículas, anodinas, absurdas e injustificadas que he visto en mi vida en el Teatro Real. Resulta difícil arruinar la música de Wagner y robarle a esta historia la intensidad romántica que embarga al que la escucha. Pero el señor Rigola casi consigue acabar con todo ello a base de un uso lamentable de la escena, de las luces y de todo elemento teatral que se ponga a su paso. Hay gente que, honestamente, debería asumir sus limitaciones y dedicarse, como mucho, a dirigir los guiñoles del Retiro. Y punto.

6. El Narciso en su opinión
Estas semanas, en el Pavón, se puede asistir a un montaje gamberro, musical, muy años 20, de una de las comedias de figurón de Guillén de Castro. El texto, divertido y ágil, se pone en escena sin complejos y, sobre todo, con muchas ideas. No todas son igual de acertadas pero el reparto ejecuta con ganas -y con garbo- y la dirección aprovecha cuanto resquicio cómico encuentra a su paso. Una obra que quiere ser un musical o un musical que quiso ser un texto del XVII. Sea como sea, la mezcla funciona y, personalmente, hacía tanto tiempo que un Guillén de Castro no me arrancaba tantas sonrisas. Cerremos, pues, con una de ellas. Feliz semana ;-)

20.1.10

Don't stop believing

Días llenos de trabajo. De proyectos. De cosas por hacer. De textos que escribir. De viajes a punto de comenzar (adivinen qué cinéfilo bloguero verá en breve a Isabelle Huppert en París haciendo de Blanche en Un tranvía llamado de deseo y a Scarlett Johansson y Liev Schreiber juntos en Nueva York en Panorama desde el puente). Así que, entre unas cosas y otras, se me acumula el trabajo y no da tiempo a casi nada...
De momento, y mientras robo minutos de no sé dónde para escribir en esta misma pantalla sobre Glee, Gossip Girl (T3), The good wife (T1), Das weisse Band y, cómo no, también sobre el nuevo Sherlock Holmes del trío Ritchie-Law-Downey Jr, les dejo con un vídeo de mi nueva serie favorita. Disfrútenlo. Y sigan soñando.

13.1.10

Absolutamente (o no)

...y tanta tontería, tormento y agonía,
resulta tan convencional, incluso inmoral...
Fangoria

No es fácil dedicarle tiempo al blog en los tiempos del facebook. La inmediatez del comentario breve desde el iphone nos obliga a vencer un cierto grado de pereza -un enorme grado de pereza- antes de teclear un post mínimamente estructurado. Como ahora todo el mundo ha decidido colocar el color de sus sujetadores en la casilla de "estado" del FB, prefiero retomar el blog y ponerlo al día de ciertos temas que han quedado, lástima, pendientes. En cuanto a lo de los colorcitos del sostén, no deja de hacerme gracia sea otra vez un objeto sexual femenino y no masculino el que original la gracieta. Quizá soy yo, que estoy obsesionado con el tema, pero para mí hay un tufo misógino en todo eso. ¿Por qué no "el color de la ropa interior", de modo que tantos hombres como mujeres pudiéramos participar de semejante carnaval cromático? En fin, una pura chorrada que, para colmo, hay quien relaciona con una campaña de prevención del cáncer de mama. Pues bien, es una medida tan efectiva para prevenir el cáncer de mama como pedirle a Belén Esteban que haga un comentario de la nueva Gramática de la RAE. Ver para creer.

Por lo demás, como sigo en mi etapa semi-misántropa, me limitaré a lo audiovisual, que es mucho menos cansino, autocomplaciente, egoísta y aburrido que gran parte de la gente con la que me he topado últimamente. Y es que, como canta Fangoria en ese vídeo espeluznante lleno de Saras Montieles y culturistas (¿era necesario rodarlo? ¿no se nos puede permitir vivir estéticamente tranquilos?), ya está bien de tanta tontería... Aún así, sé de uno (moi) que no se perderá su concierto en Madrid. Y es que los fans (cual grupo de facebook), somos siempre incondicionales.

1. Una de teatro musical... Chicago
Un montaje más que digno y totalmente fiel a la versión teatral original. Roxy está, simplemente, estupenda. Natalia Millán cumple con dignidad -no es fácil emular a divas como Ute Lemper, una memorable Velma- y Manuel Bandera, sorprende. Es la primera vez que me convence desde que, lo confieso, me enamorara con su personaje de Las cosas del querer. Al fin deja de ser un armario con sonrisa y demuestra que haber sobrevivido a Anne Tostón Igartiburu (¿se escribirá así?) tiene su premio. Baila, canta y actúa fenomenal. El cuerpo de baile, fabuloso (en todos los sentidos de ese maravilloso sustantivo que es cuerpo) y el espectáculo, más que meritorio. Siendo snob (últimamente, cada día lo soy más: estoy aburrido de que solo lo sean quienes no tienen motivos para ello), el montaje está a la altura del que vimos hace unos añitos en Nueva York, con la excepción de Mamma Morton, totalmente desenfocada en el espectáculo español a pesar de ese temazo que es When you're good to Mamma. Sea como sea, hay que verlo. No ha habido muchos genios igualables a Bob Fosse...

2. Una de cine... Teniente corrupto
No sé qué necesidad había de retomar la peli de Abel Ferrara para hacer un remake. Pero, aparte de esa pregunta inicial (el porqué del remake y su existencia), admitamos que es una peli interesante, con imágenes poderosas -especialmente las oníricas y las que nos sumergen en la degradación moral del protagonista- y en la que, sobre todo, resucita Nicholas Cage, convertido en una máquina de hacer dinero gracias a bodrios infumables desde que, confesión bis, también me enamorara de él y hasta de Elisabeth Shue en Leaving las Vegas. Es curioso que después ambos arruinaran sus carreras: Cage se convirtió en el héroe de acción más absurdo de la historia del cine y la Shue, bueno, la Shue hizo El santo con Val Kilmer, lo cual ya lo dice todo de su meteórica carrera hacia el olvido. El bueno de Val, por cierto, hace un secundario curioso en este Teniente corrupto y el filme, en general, consigue una personalidad propia alejada de su antecesor. Personalmente, me interesó. Y me gustó.
...y Partir
Una tontería pretenciosa, rancia, acartonada, inverosímil y, para colmo, previsible desde su primer hasta su último minuto. Lo que quiere uno es partir del cine, pero como ya ha pagado, no lo hace. Entretanto, nos cuentan otra vez Madame Bovary con una Kristin Scott Thomas sobreactuada y un Sergi López inexpresivo. Su química es idéntica a la que tendrían en escena Carmen Lomana y Marianico el Corto en un remake de Vacaciones en Roma. En fin, un bodrio con ínfulas de buen cine que recrea por enésima vez el bovarysmo, pero eso sí, sin ningún tipo de sutileza o inteligencia. Para qué pensar, profundizar o narrar cuando se puede subrayar todo grotesca y torpemente. Peor que Avatar, que ya es decir.

3. Una de series...
A) Dexter
Me está costando acabar la cuarta temporada. Y eso que Trinity es uno de mis actores siniestros predilectos..., pero me carga Rita y, sobre todo, me aburre el grado de moralina que la serie adquiere por momentos. La vida conyugal y familiar de Dexter no me interesa en absoluto, al igual que sus lecciones de cómo construir el hogar ideal. Supuestamente todo eso está lleno de sarcasmo, ironía y mala leche pero, en el fondo, es tan convencional y rancio como el guión de antiabortista de ese canto mojigato llamado Juno. En fin, que sigo enganchado por Michael C. Hall, pero paso con ese gran botón llamado FFWD todas las escenas con Rita y, por supuesto, la historia de amor Laguerta-Ángel, una de las parejas con menos química y menos interés que la de la enfermera mona y la enfermera fea en Hospital Central.

B) Hung
Bien, bueno, vale... Se sigue, pero pierde gas por momentos y, sobre todo, jamás arranca del todo. Un piloto estupendo y una serie de episodios con altibajos: estupenda Jemma (a prota pija de Dirty sexy money: ¿por qué la cancelaron...? ¡me encantaba!), aburrida Anne Heche (qué cosa más anodina y simple de actriz..., pesados y accesorios los hijos góticos..., algunos gags más o menos logrados y un puritanismo excesivo en el tema sexual. ¡Ni un solo frontal masculino! ¿Y esto es el siglo XXI en la HBO? Salvo el orgasmo en los grandes almacenes, todo lo demás es muy poco erótico. Una serie que prometía emociones fuertes y que se ha quedado en una comedieta que, tal vez -y solo tal vez-, llegue a dar algo más en su segunda temporada. Ah, y que alguien mate también a la poetisa-chulo, una especie de Bridget Jones intelectual que me saca de quicio.

C) Mujeres desesperadas
Me siguen gustando (es pasión, así que mi crítica aquí no es objetiva), pero me cansa que, cada temporada, emplee un truco de guión para quitarse de encima personajes molestos. Y esto es aún peor cuando el personaje molesto es uno de mis favoritos: el atractivísimo y comestible Karl, interesante pícaro al que se han liquidado de la manera más torpe posible. Omito el spoiler, pero si ven el episodio 6x11 lo entenderán. Episodio, por cierto, basado en conjeturas y que es una mera transición sin demasiada gracia (la prolepsis de Gabrielle como viejecita roza lo ridículo... en el mal sentido). Menos mal que Lynette, una vez más, lo salva... Si no fuera por ella...

D) Brothers & Sisters
Empezamos con ella de casualidad y, sin embargo, cada temporada nos gusta más. Hay muchos fans que se quejan de que desapareció la carga política de la primera, sin embargo, el mundo familiar de la serie gana en densidad y, más aún, en credibilidad. Su tratamiento del tema del cáncer en esta cuarta temporada me ha gustado especialmente, porque ni cae en ñoñerías y simplezas cual Isabel Coixet en su tontísima Mi vida sin ti ("espera, que me muero y voy a hacerte una lista para que seas feliz y tal") ni tampoco edulcora una realidad frecuente y de la que, tristemente, nunca se habla porque sigue siendo un enorme y gigantesco tabú.

E) The good wife
Un buen inicio. Una buena actriz. Un puñado de buenas intenciones... ¿Estará a la altura toda la temporada? De momento, no me pronuncio, pero me bastó el piloto para engancharme... Veremos si ese interés no se desinfla.

4.1.10

Neologismos

Hace ya algunos años, un grupo de descerebrados defendimos en nuestro quinto año de facultad la existencia de un fenómeno cultural que decidimos bautizar como postcostumbrismo. El nombre se me ocurrió en uno de esos momentos de resaca nada lúcida pero, sin embargo, muy creativa, que abundaban entonces. Para defender nuestra sesudísima tesis, nos servimos de una extensa bibliografía compuesta por todas las noches de juerga que pasábamos en pubs de la más diversa condición durante aquellos fines de semana que duraban, aproximadamente, unos siete días. Para dar más peso a nuestro invento filológico, expusimos nuestras conclusiones disfrazados de Tony Manero (o algo así) y haciendo un playback impagable del A quién le importa de Alaska. La tesis del postcostumbrismo nos valió una jugosa matrícula de honor y todavía hoy nos sirve para reírnos del morro que le echamos a aquella historia. Basta con recordar las caras de nuestros compañeros ante nuestra propuesta deconstructiva...

Así que, si pude defender con éxito la teoría del postcostumbrismo, con más razón se puede esgrimir un nuevo término acuñado por mi amiga Pal -siempre genial- que me ha encantado y del que pienso hacer aquí un breve esbozo: el coñacismo. Bajo este término se incluye a toda esa gente aburrida que se pasa la vida mirándose al ombligo y que no es capaz de aportar jamás un solo tema de conversación mínimamente interesante. El coñacista puede tener dos modalidades:

- Modalidad A: La vida es una tómbola... llena de color.
Los coñacistas A consideran que su vida es siempre la mejor, así que jamás escucharán tus opiniones sobre tema alguno, sino que te interrumpirán para ponderar su propia vida hables de lo que hables. Así que, si has hecho un viaje estupendo, ellos habrán vivido otro mucho mejor; si tú has tenido una experiencia personal importante, ellos habrán pasado por otra mucho más intensa; y si has descubierto una novela que merezca la pena, ellos habrán leído una obra mucho más recomendable que la tuya. Normalmente, el viaje del que hablan es a Torrevieja; su experiencia, el día de su primera comunión; y su descubrimiento literario, La catedral del mar.

-Modalidad B: La vida es una tómbola... y lo perderás todo.
Los coñacistas B son los expertos en el gafe y el mal fario. Su tema favorito son las enfermedades y los dolores de la más diversa condición. Ellos no ven la botella medio vacía: simplemente, no ven la botella. Así que si tienes algún problema, se encargan de agravarlo y, sobre todo, te cuentan todos los casos horripilantes que conocen al respecto para que tengas aún más miedo o, si no lo tenías, empieces a padecerlo. Estos personajes, con complejo de Wes Craven, disfrutan dando consejos que se basan en llevarte la contraria, de modo que hagas lo que hagas será siempre incorrecto y terrible. Se les reconoce porque se les pone cara de ansia cuando oyen la palabra médico o enfermedad y entonces, cual la niña del exorcista, atacan sin piedad a su interlocutor. Adoran las salas de espera, los velatorios y los relatos gore que ellos llaman consejos sanitarios. Son público potencial de Saber vivir y se parecen mucho a los personajes de Cuéntame, aunque a veces vayan disfrazados de personas normales del siglo XXI.

Evidentemente, el coñacismo es propio de personas carentes de vida interior que, para suplir esa ausencia se llenan de vida exterior. Esa vida exterior consiste en, cuando son jóvenes, hablar mucho de los novios y novias (como la coñacista Jennifer Aniston); luego, cuando deciden que ya no son jóvenes, planean el día de la boda para relatarlo hasta la náusea meses después; por último, cuando se les agotan las nupcias, comienzan con sus bebés, sin ahorrar detalle alguno del parto, el embarazo y demás eventos natalicios. Por supuesto, suelen considerar prioritario la búsqueda de pareja para sus amistades solteras y aducen no leer nada por no tener tiempo ni pensar en nada por no tener tiempo tampoco ni poder hacer nada que no sea hablar de sí mismos por no tener tiempo de oír lo que les dicen los demás. El tiempo, desde luego, no les sobra. Es evidente.

Los coñacistas suelen moverse en parejas y se duda de que tengan vida autónoma, ya que sus amistades no les pueden ver nunca si no es en forma de apéndice de su cónyuge, a quien elogian en público hasta la extenuación (modalidad A) o critican también en público y a ser posible de manera supuestamente graciosa hasta la náusea (modalidad B) aunque no haya motivos para ninguna de las dos cosas.

Toda una especie que, lejos de hallarse en vías de extinción, parece multiplicarse por momentos... Tengan cuidado. Y evítenlos.

3.1.10

From Paris with Love

Imposible encontrar un lugar mejor que París para inaugurar este más que intenso 2010. Cifra tan redonda como los proyectos que albergará y que -empieza la cuenta atrás- verán la luz a finales de diciembre o principios de 2011. Doce meses por delante para soñar con ello y, esta vez, ilusionarse desde la certeza, porque ya no se trata de meros espejismos, sino del resultado de muchos años de trabajo y de fe en ese esfuerzo aun cuando la realidad no siempre pareciera darme la razón. Ahora, cuando todo está firmado y decidido, es imposible no sentir vértigo, pero también una enorme ilusión que se ha hecho real en este viaje, en el que, por fin, he podido saborear la noticia y esperanzarme con el proyecto. Supongo que el Sena tiene -en nosotros dos- esa capacidad catártica.

Así pues, en un ejercicio de poesía cotidiana, hemos llenado estos días parisinos de entornos literarios, en un homenaje a eso que ha de venir y por lo que hemos brindado en restaurantes y cafés conocidos por ser punto de reunión de autores y editores franceses. Por eso, también, nos hemos alojado en la célebre rive gauche, buscando el encanto post-bohemio -hoy, absolutamente, cool- de Saint Germain y alternando las visitas a la librería Gallimard con las compras más frívolas en nuestros locales clásicos parisinos (que no solo de cultura vive el hombre).

Así que hemos alternado cenas exquisitas en los más que recomendables Les Bouquinistes y Hélène Darroze (impecables) y almuerzos sofisticados en algunos de los templos urbanos de los famosos hermanos Costes, como L'Esplanade o La société, con visitas a exposicioines como la retrospectiva de Renoir en el siglo XX presentada por el Grand Palais o la retrospectiva histórica De Bizancio a Estambul, expuesta de manera soberbia en lo que a medios técnicos y pedagógicos se refiere.

Por supuesto, también hubo tiempo para las compras (no lo pude evitar: caí de nuevo en mi pasión por Moncler..., que vuelve a llenar mi armario y a vaciar mi cuenta corriente) y para los libros, teniendo que hacer hueco en mi maleta para un interesantísimo cómic -qué pasión la de los franceses por el BD- sobre la vida de Marilyn con Arthur Miller en el que se recrea el mundo literario y artístico de la época.

En definitiva, un delicioso final de 2009 y un más que espléndido inicio de 2010. Ahora nos quedan trescientos sesenta y pocos días por delante para seguir disfrutándolo. Y celebrándolo. Sean muy felices. Y, cómo no, sean también sofisticadamente literarios ;-)