24.1.10

Take it all

Se acercan los Oscar, llegaron los Globos de Oro, amenazan los Goya... Y, con todos ellos, la pertinente avalancha de estrenos deseosos de arañar algo en la entrega de premios correspondiente. De momento, nos quedaremos con seis títulos: Sherlock Holmes y Nine, en el apartado cine; Glee y The good wife, en el de televisión; y El holandés errante y El Narciso en su opinión, en el escénico. Seremos sintéticos, eso sí, que -hoy- otras obligaciones mandan...

1. Nine
Decepcionante. Queda demostrado que lo de Chicago fue, sobre todo, suerte. Suerte porque Bob Fosse sí que es un genio y tanto la partitura como la historia de Chicago es, simplemente, uno de los hitos de la historia del musical. Pero su director, el blandito Rob Marshall, ya estuvo a punto de dormirnos con su insufrible Memorias de una geisha y ahora nos regala un musical frivolón y superficial que ni siquiera es tan aparente y excesivo como debería. Lo peor de todo es la capacidad de su autor para destrozar, literalmente, todos los números musicales. Resulta imperdonable que los haya machacado gracias a un montaje que consigue interrumpir casi todas las canciones y sus coreografías, como si el espectador del género del musical tuviese el más mínimo interés en oír los diálogos insulsos o en ver los mohínes del reparto. En este sentido, es especialmente triste la forma en la que se carga la excelente interpretación que la Cotillard hace de su Take it all. Tampoco le saca el partido necesario a temazos como Be italian (bravo, Fergie) o Cinema italiano (con una divertidísima Kate Hudson), porque no coloca la cámara de modo coherente ni una sola vez, así que -gracias al montaje espídico y la dirección desconcertante- nos perdemos el juego, el baile, la desmesura y, sobre todo, el ritmo. El reparto está bien, a pesar de que Day-Lewis sobreactúe en cada plano y se haga cada vez más cargante conforme avanza el filme. Estupenda la Dench, resultona Pe, magnética Fergie y elegante la Cotillard (su desmelene final es lo mejor del filme). Por lo demás, la película se ve sin esfuerzo pero, también, sin entusiasmo.
En cuanto a su puesta en escena, se trata de uno de esos nuevos musicales cobardes que no saben intregrar acción y música, de modo que todos los números tienen lugar en el mismo escenario de cartón piedra, imitando un procedimiento que ya usó en el cabaret de su Chicago y que aquí se revela pobre, insuficiente y, sobre todo, simplón. Para ver algo así habría ido al teatro. El musical en cine debe tener su propio lenguaje y la solución de construir un teatro dentro la película para ejecutar en él todos los números musicales me resulta pueril y facilona. Digamos que esta cutre técnica es al musical lo que el abuso de la voz en off a la adaptación cinematógrafica de una novela.

Por último, no deja de sorprenderme el poso misógino del filme, lleno de actrices espectaculares que interpretan personajes florero en una trama que traiciona todo lo que de interesante tuvo el magistral Ocho y medio felliniano. Supongo que este hecho -su tufo machista y, peor aún, asumido- se suma al desagrado que acabó provocándome la película...
2. Sherlock Holmes
Sencillamente, me gustó. Y eso que es mejorable y previsible..., pero supongo que ya se encargarán de afinar más los instrumentos en la secuela de una previsible franquicia sustentada en tres talentos diversos pero convergentes: Ritchie, Law y Downey Jr. Honestamente, me parece estupendo que alguien se lea de nuevo las novelas de Conan Doyle y se dé cuenta de que esta pareja de detectives no puede ser tan hierática, sosa y plasta como nos la había pintado el cine hasta ahora. Basta con adentrarse en la fascinante Estudio en escarlata para darse cuenta de que el tándem Holmes-Watson es mucho más moderno de lo que nos han querido mostrar hasta la fecha. Y lo mejor de todo es conseguir que esa visión de los personajes se ajuste perfectamente a la mentalidad de los nuevos espectadores del siglo XXI, con lo que -sin duda- motivarán a más de un joven lector a lanzarse de lleno en las novelas. La química Law-Downey Jr. es innegable (los adoro a ambos) y su juego sutilmente homo funciona durante todo el filme. Confío en que en la próxima entrega tengan un villano de su altura que complete el triángulo y al que Ritchie (me gusta su forma, aunque sea algo cansina, de explicar la acción mediante imágenes) le dé más cancha. Un divertimento impecable y que, al menos, no insulta la inteligencia del espectador, como sí hiciera Avatar.

3. Glee
La mejor telecomedia de este año. Su primera temporada nos devuelve al creador de Nip/Tuck en plena forma. Un reparto en continuo estado de gracia, unos guiones que funden sin complejos el humor más gamberro con la ternura (solo una sombra de duda: por favor, que el gamberrismo no ceda en la siguiente temporada..., si cargan las tintas sensibles arruinan la ficción) y, sobre todo, una música pegadiza que hace que esperemos con más y más ganas el siguiente episodio. Como detalle -uno entre mil-, destacaría la relación entre Kurt y su padre, uno de los ejemplos más hermosos de relación padre e hijo gay que nos ha dado la televisión reciente. Y, desde ya, me declaro fan absoluto del profe, ah, y de su estilista. Por supuesto, ya he ido un par de veces al insti vestido como él...

4. The good wife
Globo de oro (merecido) a la protagonista. Una serie que comienza sin hacer demasiado ruido y que, poco a poco, gana en contenido y en interés. Los personajes, bien sostenidos, construyen una trama que atrapa a pesar de que no nos cuente nada que no hayamos visto antes. Sin embargo, tanto el ritmo de los episodios como la disección -sentimental y legal- de sus historias hace que se siga con interés creciente. Habrá que esperar a la siguiente temporada para emitir un juicio más ponderado pero, al menos, de momento no es un bluff al estilo de Flash forward o similares. Al menos, empezar series así me hace olvidar que mi favorita -Desperate housewives- se esté convirtiendo en una bochornosa sucesión de gags flojitos de aprendiz de guionista, eliminando personajes irónicos y divertidos -como Eddie o Karl- y apostando por tramas reiterativas y cada vez menos interesantes. Confío en que Bree y Lynette sepan cómo rescatar esta serie y devolverle el ingenio y la gracia... Y, ya que hablamos de fiascos, admito que no me interesó nada la cuarta temporada de Dexter (aunque celebro el globo de oro para su prota, quien lo hubiera merecido años atrás por esa maravilla que es Six feet under). Lo peor, el giro del último episodio, que me resulta gratuito, excesivo y, encima, previsible. No sé por qué, toda la temporada intuí que pasaría. Y cómo no, pasó. Estoy harto de que para enganchar tengan que dar golpes de efecto de ese estilo...

5. El holandés errante
Nos limitaremos a decir que Alex Rigola ha propuesto una de las puestas en escena más ridículas, anodinas, absurdas e injustificadas que he visto en mi vida en el Teatro Real. Resulta difícil arruinar la música de Wagner y robarle a esta historia la intensidad romántica que embarga al que la escucha. Pero el señor Rigola casi consigue acabar con todo ello a base de un uso lamentable de la escena, de las luces y de todo elemento teatral que se ponga a su paso. Hay gente que, honestamente, debería asumir sus limitaciones y dedicarse, como mucho, a dirigir los guiñoles del Retiro. Y punto.

6. El Narciso en su opinión
Estas semanas, en el Pavón, se puede asistir a un montaje gamberro, musical, muy años 20, de una de las comedias de figurón de Guillén de Castro. El texto, divertido y ágil, se pone en escena sin complejos y, sobre todo, con muchas ideas. No todas son igual de acertadas pero el reparto ejecuta con ganas -y con garbo- y la dirección aprovecha cuanto resquicio cómico encuentra a su paso. Una obra que quiere ser un musical o un musical que quiso ser un texto del XVII. Sea como sea, la mezcla funciona y, personalmente, hacía tanto tiempo que un Guillén de Castro no me arrancaba tantas sonrisas. Cerremos, pues, con una de ellas. Feliz semana ;-)

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Sherlock Holmes me apetece un monton aunque como tantas otras imagino que deberan esperar a que las vea, con el follon del piso y la guerra que da mi hijo noi hay tiempo. Digo lo mismo de las series q recomiendas, aunque primero he de ir finiquitando DW y B&S que es las que veo ahora.Aru.

Peter P. dijo...

Tomo buena nota de todas tus sugerencias y críticas :D

Amplio y variado resumen, te van a contratar para la guía del ocio jeje.

Un besazo y que tengas una estupenda semana!!

caotico_jq dijo...

Cuánta razón tienes con lo de los números de "Nine", aquello parecía una charcutería... En lo que no estoy tan de acuerdo es en que sea más misógina que "8 y 1/2": precisamente, en "Nine" los personajes de la esposa de Guido y su musa me dieron la impresión de tener una voluntad y dimensión de la que carecían por completo en la película de Fellini.

Cinephilus dijo...

Jajaja, Peter, es que voy a montarme una guía del ocio en plan autónomo para matar mis horas libres ;-)

Aru, nosotros también estamos enganchadísimos a B&S. Esta temporada nos tiene encantados entre el amante francés de Sara (qué hombre...), el cáncer de Kitty y demás líneas de guión. Cada temporada mejora, la verdad.

Gracias por tu opinión, caotico_jq y bienvenido al blog. El problema es que prefiero el exceso felliniano del 8 1/2 a la presencia condescendiente de la mujer en esta simplona Nine. Eso sí, coincido 100% en tu símil de la charcutería. Una comparación precisa (como un buen tajo en la sala de montaje).

SisterBoy dijo...

No he visto ninguna y con Sherlock ando medio mosca por si es algo parecido a lo que se hizo con Van Helsing.

Pero vamos con una pregunta morbosa ¿se hace mención en la película a la adicción de S.H. a la cocaina?

Anónimo dijo...

ver a todo un equipo de futbol americano bailar single ladies no tiene precio ;)
ainss glee, que grande!