15.2.10

Ceci n'est pas un film

Como si de una parodia de Magritte se tratase, A single man debería abrirse con la advertencia de Esto no es una película. Y, en efecto, no lo es. Su director, Tom Ford, es un diseñador inteligente, un hombre atractivo en sus formas -no sé si en su fondo- y un estupendo galán del mundo de la moda que se ha comprado una productora para rodar cosas como... esto. Lástima que no se haya comprado un Ceranova, o un Electronova o cualquiera de esos -novas que vendían en nuestra infancia y donde, al menos, las únicas víctimas de nuestras supuestas creaciones eran padres y hermanos. Como mucho.

Pero no, Tom Ford -que, como otros tantos, se cree algo que realmente no es: ¿un mal endémico de nuestro tiempo?- se ha comprado un cinenova para rodar... esto. Y esto es algo que quiere ser una historia y que se compone de una serie de planos supuestamente llenos de esteticismo y plasticidad, donde se nos permite disfrutar de un Colin Firth insólitamente atractivo y de una Julianne Moore que ha decidido encasillarse ya para siempre en el rol de mariliendre hollywoodiense oficial. El reparto se completa con el también guapísimo Matthew Goode y un sonrojante Kortajarena, cuya interpretación da una terrible y profundísima vergüenza ajena.

En cuanto a la -digamos- película, su argumento se resume en cómo un señor -profesor universitario, dandy y monísimo de la muerte- vive una supuesta crisis -monísima también- tras la muerte de su novio, con quien compartió dieciséis años (teniendo en cuenta que al morir, este suma unos treinta, debieron enamorarse cuando el muchacho rondaba los catorce...) de convivencia ñoña e insulsa. Dicha convivencia -más soft que un capítulo de Candy, Candy- se nos relata en unos flash backs llenos de azúcar y melaza, con todos los tópicos gays posibles y construyendo una realidad de cartón piedra entre lo naive y lo hilarante (valga como ejemplo la escena en la que el profesor se deleita con Kafka mientras su noviete devora Desayuno en Tiffany's). Cuando el noviete en cuestión muere, el profesor comienza a pasearse por la ciudad dispuesto a suicidarse. Eso sí, va siempre impecable, porque uno si se suicida, es bueno que lo haga vestido de Tom Ford. Por el camino -nunca vi un suicidio tan lento- se encuentra con chicos guapos que se le ofrecen (lo normal, ya saben, ¿a quién no se le ofrece, al menos, un chico guapo por lugar que visita al día?). El profesor no accede a acostarse con ninguno (lástima, si la peli tuviera algo de sexo a lo mejor no era tan soporífera) pero sí hablan sobre la vida, sobre el amor y sobre esas cosillas que habla uno cuando se va a suicidar y se le presenta un chulo sediento de sexo.

El clímax, sin embargo, tiene lugar en la cena en casa de la amiga. Esta vez, Julianne Moore no prepara una tarta para luego suicidarse, como hiciera en Las horas (¿han intentado volverla a ver...?, hmmm.., mejor no lo hagan, no resiste del todo bien nuevo visionados), sino que se lanza a los fogones para deleitarnos con uno de los personajes femeninos más estúpidos de la historia del cine. O bien Tom Ford no tiene amigas o, si las tiene, es un misógino integral. O quizá no, quizá es tan ególatra que piensa que todas sus amigas quieren acostarse con él... El caso es que Julianne, en un momento de máxima intimidad, le pregunta a su amigo del alma -a quien, supuestamente, conoce en profundidad- que si su amor por Jim -el noviete muerto- no era más que "un sustituto del verdadero amor". Tras demostrarnos que su personaje es más simple que un cubo, el director nos ofrece un diálogo pretendidamente catártico donde Colin Firth hace todo tipo de mohínes para que le den el Oscar. Solo se echa de menos que aparezca Bridget Jones por allí para dar un toque de color.

Y toda esta memez, contada sin un ápice de emoción, de modo que sea imposible empatizar con cualquiera de las marionetas -que no personajes- del film. Los hechos (por llamarlos de algún modo) se narran (también es un decir) con muchos primeros planos, muchas cámaras lentas y muchos fondos coloristas: un cartel de Vivien Leigh por aquí, un mar nocturno por allá..., hasta desembocar en uno de los finales más irrisorios que he visto en mucho tiempo. Evitaré el spoiler por si alguien quiere sentarse a ver esta joya del séptimo arte...

En definitiva, una especie de catálogo de modas filmado por alguien que no debería haber cambiado jamás la aguja y el hilo por la claqueta de dirección. Es más, su película es tan espantosa que, por momentos, uno diría que la ha rodado Isabel Coixet... Y con eso creo que ya está todo dicho. O casi.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

A ti no te habrá gustado la peli, pero a mí me encanta que la hayas visto nada más que para partirme de risa con tu crítica. Me alegro de que vez en cuando veas algún bodrio y despliegues toda tu artillería irónica.
¡Ah! Quiero que me cuentes el final en privado; me muero por saber qué le pasa al Mr. Lánguido Firth.
Paloma

Cinephilus dijo...

Paloma, te lo cuento ahora mismo. Ojo a todo el mundo, ahí va un SPOILER!!!!:
Al final de la peli, el profe decide acostarse con un nuevo alumno y superar así su pena (total, debe pensar que el traje le luce más vivo que muerto... natural). El caso es que, justo cuando decide vivir, cuando guarda la pistola y etc, etc, etc, pues, tachán, le da un infarto... Muy sutil el director y el guionista para hablar del azar y bla, bla, bla. Honestamente, ante una muerte tan tonta, no pude por menos que reírme. Es como un gag de Muchachada Nui, más o menos...

Arual dijo...

Yo tuve que leer dos veces la noticia de que Tom Ford había hecho una peli para creérmelo. Y es que no sé que manía le da a la gente en meterse a experimentar con el cine. Pues no eres un diseñador dpm pues sigue con ello y deja a los que ya hacen cine que traten de hacerlo bien, que ya les cuesta bastante incluso sabiendo de ello... Bufff!!

SisterBoy dijo...

Jo pues la tacho, gracias por el aviso. Además tendría que verla doblada y seguro que el chico español ese se dobla a sí mismo con lo que el horror se elevaría al cubo

SisterBoy dijo...
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