6.2.10

Violencia y dogmas de fe


Lo que más me gusta del cine de Haneke es que sus películas suelen estar llenas de preguntas, pero no de respuestas. Se intuyen, se adivinan, hasta parece que nos las da en bandeja pero, en realidad, sus filmes siempre son un pulso con el espectador, al que se exige una participación activa en los relatos -morbosos y crueles- que nos presenta este peculiar director.

En Das weisse Band hay mucho de la indefinición de Caché -una película que me impactó profundamente y que sigue siendo una de mis favoritas de Haneke-, también aquí nos encontramos con una amenaza invisible pero real, con alguien -o algo- que rompe la paz y la tranquilidad del entorno hasta convertir la cotidianidad en una terrible pesadilla.

Y también aquí, como en Caché, esa violencia in crescendo nos conduce a una profunda reflexión sobre determinadas circunstancias tanto históricas como sociales. Aunque, desde luego, sería un acto de reduccionismo exacerbado creer que esta fábula solo tiene alcance contextual y es que, aunque funcione como metáfora de lo que iba a suceder en Alemania durante la primera mitad del siglo XX, también es -ante todo- un relato de terror sobre los territorios que nos obligan a explorar los fanatismos y, en última instancia, sobre las consecuencias de la represión educativa y, cómo no, religiosa.

La lectura de la película es múltiple, compleja, adulta. Y quizá por ello su estreno resulta aún más impactante y necesario, en estos tiempos donde la consigna es infantilizarlo todo y explicarlo de la forma más pedagógicamente simplona y pedestre. Aquí no hay explicación alguna, tan solo una enorme pizarra en blanco y negro para que cada espectador saque sus conclusiones y siga hablando sobre ellas días después de haber visto la película.

Impactante. Necesaria. Magnética. E imprescindible.

6 comentarios:

Arual dijo...

La verdad es que no eres el primero que me la recomienda...

Arual dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
SisterBoy dijo...

¡Si leyeras mi blog sería el segundo que lo hace!.

De acuerdo en lo de que es un cine de preguntas y no de respuestas así como con la semejanza a "Caché".

También estoy de acuerdo en que el conflicto es atemporal y por eso no me acaba de convencer la cuestión del fanatismo religioso como motor de la historia, creo que en el fondo se trata de padres y adultos que agreden a niños como una forma de abuso que tiene más que ver con cuestiones filosóficas sobre la condición humana que con cuestiones morales o religiosas.

Cinephilus dijo...

En parte estoy de acuerdo con esa visión, Sisterboy. Pero el peso del dogma es tan asfixiante en la película -desde su propio título, donde el objeto se convierte en estigma moral- que resulta difícil hacer una lectura del film sin tenerlo presente.
Sea como sea, Haneke consigue -una vez más- que nos vayamos del cine cargados de preguntas, de debates, de ganas de discutir y de polemizar. No hay muchos autores -cinematográficos ni literarios- que lo consigan tan a menudo como él...

Anónimo dijo...

No sé si estoy de acuerdo con la visión idílica de la infancia que propone SisterBoy;los niños suelen ser perversos,en general, a partir de cierta edad y, desde luego los de Haneke lo son.Me apunto a la teoría del fanatismo religioso que me parece patente en La cinta blanca, con un toque social y otro de desconfianza de la humanidad en general.Claro que también podría abordarse la cuestión desde el punto de vista de la ignorancia de gente y pueblos volcados hacia su propio interior, con un total desconocimiento de los demás, de lo que no sea su propio yo, a menudo mezquino y limitado.Quizá eso fuera la chispa que hizo saltar el atroz conflicto de la "Gran Guerra" que en la película sólo se cita en "off" y con la única referencia a su estallido inicial - el asesinato del archiduque Rodolfo de Habsburgo - que hace uno de los personajes, como si el pueblo lo viera con distancia, una distancia que poco tardó en aproximarse para desaparecer y engullir a las tres cuartas partes de Europa.
Moroello Diaz della Vittoria Pallavicini

SisterBoy dijo...

Yo creo que la infancia en muchas ocasiones se vive como un combate en el que una de las partes, los niños, tiene siempre las de perder y como no pueden responder a los ataques de que son victimas suelen buscar esa respuesta en alguién más débil, así ocurre en la pelicula y así ocurre en el recreo de un colegio de Cuenca