20.3.10

De homenajes

No me conformo, no: me desespero,
como si fuera un huracán de lava
en el presidio de una almendra esclava
o en el penal colgante de un jilguero.
Miguel Hernández

Año intenso en lo literario. De pérdidas irreparables -como la del magnífico Delibes- y de conmemoraciones y centenarios -como los merecidos homenajes al nacimiento de Miguel Hernández y a la fundación de la Residencia de Estudiantes. Y, por cuestiones de lo más azaroso, he acabado implicado en dos proyectos relativos a ambas celebraciones. Por un lado, ando trabajando en un montaje teatral que estrenaremos en junio y que gira -obsesiva y distorsionadamente- en torno a la figura de Buñuel. Por otro, me han pedido que colabore con un artículo en un libro sobre Miguel Hernández. Todo ello -como suele ocurrir en estos casos- me ha coincidido con un volumen de trabajo inmenso, con los nervios algo desatados (así como la euforia, para qué negarlo) por lo que pasará a finales de este año (cada vez falta menos para que pueda desvelarlo...) y con los preparativos (igualmente eufóricos) de la escapada a Nueva York... Aun así, y a pesar del estrés, mi balance creativo de estos meses es especialmente bueno, pues no me importa andar agobiado a cambio de estar involucrado en proyectos que me motivan y que me siguen poniendo en la tesitura de tener que superar y afrontar nuevos retos. La vida, sin desafíos, no sería más que una sucesión de rutinas que poco tiene que ver con mi carácter y con mi forma de entenderla.

En cuanto al artículo sobre Miguel Hernández, me pareció poco menos que imposible decir algo de este poeta que no se hubiera dicho ya antes (y, sin duda, mucho mejor de lo que podría decirlo yo). En primer lugar, porque no soy un especialista en su obra -hay filólogos muchísimo más versados que yo en el tema- y, sobre todo, porque sus textos -especialmente sus sonetos- me marcaron demasiado cuando los descubrí como para poder escribir sobre él desde una posición objetiva o academicista. Así pues, siguiendo las huellas de su poesía, decidí redactar algo completamente subjetivo. Personal. Algo que pudiese servir para que quienes lean ese artículo se animen -si no lo hicieron ya- a descubrir los versos de este poeta insustituible al que, durante años, se mantuvo en un olvido injustificado, desprestigiado por quienes no supieron ver más allá de lo obvio. O de lo anecdótico.

Así que, mientras me sumerjo en el mundo de Buñuel, que me tendrá prisionero durante los próximos meses, les invito a releer alguno de los versos del Cancionero y romancero de ausencias o a dejarse llevar por la fuerza indómita y abrumadora de su Rayo que no cesa. Un rayo que, en sus ansias -carnales e hiperbólicas- de liberarse de esa redoma que lo ata, resume como pocas imágenes esto que llamamos respirar. Esto que, cuando se hace desde la vehemencia, equivale a vivir.

4 comentarios:

SisterBoy dijo...

Tennos al corriente de lo de Buñuel que es un tema que me interesa mucho, posiblemente el mejor cineasta español y uno de los más inteligentes del mundo en general

Arual dijo...

Cargado de proyectos e ilusion! Asi me gusta.

Realice dijo...

De los tres me siento cerca.

De Delibes porque nací y viví toda mi infancia en Valladolid, porque crecí en una casa donde prácticamente tienen sus obras completas, porque siento que con él muere la generación de mi padre (o la generación que le marcó el camino a mi padre), porque mi padre tiene Alzheimer y ni siquiera ha sido capaz de entender que ha muerto su escritor más amado.

De Buñuel porque nació en Calanda, a 18 kilómetros del pueblo en el que he pasado todos los veranos de mi infancia... y porque, aunque parezca increíble, se entiende mejor a Buñuel cuando se ha sufrido el frío de Calanda.

De Miguel Hernández porque vivo en Valencia desde hace ya muchos años, porque he visto con asombro su casa de Orihuela, porque crecí a la sombra de Serrat y sus homenajes póéticos, porque las 'Nanas de la cebolla' me parecen uno de los poemas más conmovedores que se han escrito nunca.

No olvides subir a la terraza del Metropolitan para contemplar Central Park a altura media, Cinephilus. Reserva un día o dos para entrar en todas las tiendas del Soho. Por supuesto, por más lamentable cola turística que encuentres, no dejes de subir al Empire State para contemplar Midtown Mahnattan bajo tus pies (sube mejor al atardecer y la verás de día y de noche)... Midtown es el verdadero lujo estético de Manhattan. Deja una noche para Greenwich Village. New York es fascinante (igual ya has estado antes, pero yo sólo he estado una vez y me fascinó).

Y besos.

Cinephilus dijo...

Gracias por tu comentario, Realice. De acuerdo contigo en todo cuanto comentas. Y bienvenido al blog :-) Espero encontrarte de nuevo por aquí