25.3.10

¿Gays? No, gracias

A menudo tendemos a pensar que las leyes sociales son un reflejo de la mentalidad o de la sensibilidad del lugar en el que están vigentes. Sin embargo, con frecuencia estas leyes no son más que los límites que han de ponerse para proteger a aquellos que, de otro modo, serían agredidos por esa misma mentalidad. Algo así sucede con la actual ley sobre el matrimonio homosexual, todo un hito en materia de igualdad y que es empleada, por muchos, como la coartada perfecta para esconder y disimular su latente -y no tan latente- homofobia. Ahora, de repente, parece que no tuviera sentido un discurso a favor de los derechos de la comunidad gay, como si por el hecho de ser reconocidos legalmente lo fuéramos -de manera inmediata e indudable- socialmente. Como si la existencia de un marco legal hubiese borrado de un plumazo el odio y la discriminación que tan a menudo se afrontan desde el mundo homosexual.

En este sentido, me llama especialmente la atención un curioso fenómeno que vengo detectando desde que caí en el proceloso mar de la enseñanza. Dicho evento, comparable al más riguroso de los axiomas científicos, se puede resumir en la siguiente ley: "los adolescentes gays no existen". Y es que, ante la más mínima sospecha de que un chico de entre catorce y dieciocho años pueda albergar sentimientos gays, toda la comunidad educativa -padres y profesores- decide de manera unánime que se trata de un período de confusión, de caos, de búsqueda... Y siempre se determina que esa búsqueda viene condicionada por amigos, entorno, influencias, lecturas..., de manera que su vertiente gay no es más que una pose de rebeldía y protesta que, afortunadamente, se le pasará con los años.

Este juicio de valor -que he tenido que escuchar de más de un padre y de más de un supuesto colega de profesión (aunque me niego a considerarlos así)- suele ir acompañado de una coletilla temible del tipo: "y que conste que a mí me parece muy bien" o "y a mí lo que haga con su vida no me importa" o, peor aún, "y ya sabes que yo no tengo nada en contra de los gays". Pero en cuanto cabe la posibilidad de que un hijo o un alumno se defina como tal todos corren a sacarlo de su error (¿error?) y, sobre todo, a cerciorarse de que es cierto lo que dice sentir.

Tiene gracia, porque no conozco ningún caso en el que la comunidad educativa se apresure a preguntarle a un adolescente: "¿cómo dices? ¿que eres hetero? ¿¿¿¿de verdad eres hetero???? ¿pero lo sabes con certeza? ¿no te estarán influyendo tus amistades?" Ante tal hecho jamás se pide un período de reflexión, ni se recomienda una terapia, ni se habla de psicólogos u orientadores. Simplemente se deja que la persona experimente, se enamore (o no), se enrolle (o tampoco) y tenga (si puede y si le dejan) las relaciones que desee tener. Sin embargo, los bomberos de la moral corren -siempre desde la corrección política- a apagar cualquier llama homoerótica que pueda aparecer a su alrededor, porque el protagonista está confuso, o mal influido, o peor aconsejado. Y, por supuesto, si el protagonista es una chica, los bomberos ni se plantean apagar el fuego, tan solo lo apisonan con saña, porque pueden sumar dos de sus grandes placeres en un mismo incendio: la homofobia y la misoginia. Todo un festival de emociones garantizado...

Por supuesto, quienes piensan así jamás asumirán que es una postura homófoba e incluso se ofenderán si alguien se lo sugiere, pero seguirán negando la evidencia gay desde sus postulados enfermizos y retrógrados, camuflados en ese olorcillo nauseabundo y putrefacto de la corrección política que, en el fondo, solo es la máscara de la podredumbre moral. "¿Homófobo yo? En absoluto. Solo digo que es muy joven para saber lo que quiere. Nada más" Bien, ¿y si quiere experimentar? ¿Y si no solo es homosexual, sino bisexual? ¿Y si, simplemente, decide ser persona y sexual? ¿Y si le dejamos que viva sin tantas etiquetas ni tantos complejos ni tantos tabúes?

Así que todos somos muy modernos, y muy tolerantes, y muy estupendos, pero ninguno quiere que su hijo le diga que es gay y, en caso de que el chico (o -quelle horreur- la chica) tengan el valor de hacerlo, se pensará que han sido aleccionados por un profesor proselitista -nunca por un cura: ellos no aleccionan, ellos meten mano directamente- o por un amigo que lleva a nuestra progenie por el peor de los caminos. Porque, como todos sabemos, los gays adolescentes son un mito. Pura ficción. Y los gays que no son adolescentes son, básicamente, un error pintoresco. Que sí, que se pueden casar, y que salen en la tele y en el cine y hasta tienen su punto chistoso, y quedan bien en las reuniones sociales, y saben combinar los colores y dar conversaciones de lo más ameno, e incluso queda bien presumir de tener algún conocido gay, pero más allá de todo ese ornamento, son seres raros, molestos y que, por supuesto, hacen que más de uno se sienta incómodo, porque la libertad -ajena y propia- es un foco inmenso de terror para quienes no saben asumirla. Para quienes viven -camuflados tras sus juicios hipócritas- desde el miedo y la sempiterna represión.

9 comentarios:

Peter P. dijo...

"Los bomberos de la moral": genial!!

Sigue habiendo mucha hipocresía, hay gente que habla con la boca pequeña cuando se pronuncia sobre la homosexualidad. Sinceramente creo que las nuevas generaciones son más tolerantes que las de décadas anteriores, eso invita a un prudente optimismo. Ojalá se superen las barreras que aún siguen existiendo. Algún día, no perdamos la esperanza.

Fabuloso el post... últimamente estás que te sales ;-)

Arual dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo. Y es que mira que hace poco me pasó algo curioso. Yo cuando le hablo a mi hijo siempre le digo con mi amor maternofilial inacabable e interminable:"Cómo te quiero cariño, el día que tengas novi@ no va a quererte tanto como yo!!!" Y fijate que he usado la @ porque yo siempre digo novia o novio, por dejar abiertas ambas posibilidades. Y no veas la que se arma si hay alguien cerca o nos escucha. Mi suegra que se las da de moderna y de que lo admite y lo comprende todo enseguida me recrimina:"Pero no le digas eso al niño, que él no va a ser gay, bueno si lo es no pasa nada, pero él no lo va a ser, no hay más que ver como mira a las niñas en el parque" Y yo le respondo con la misma frase siempre: "Eres una homófoba reprimida". Y como tampoco comprende mucho a que se refiere se queda anonadada. Pero yo hiervo de rabia por dentro. Y es que hay mucha hipocresia aún, mucha, pero bueno las nuevas generaciones no van a ser así, al menos en ello confio plenamente, y menos si tienen profes como tú, que saben inculcarles buenos valores y enseñarles muchísimo más de lo que pone en los libros. Un besico gordo, cada día me gusta más tu blog!!

Anónimo dijo...

La verdad es que nunca me he encontrado con una situación similar. He sido tutora muchos años, pero de cursos hasta 3º o de bachillerato en adultos, así que creo que aún no se habían posicionado los chavales o simplemente ya no eran chavales. Me parece muy interesante lo que cuentas, y supongo que tendré que considerarlo a nivel profesional y a nivel personal porque los comentarios de los adultos que les rodean influyen mucho en los chicos, sobre todo en algo tan importante como la afectividad y la sexualidad. A lo mejor te tengo que pedir consejo alguna vez.
También estoy de acuerdo en que las nuevas generaciones tienen la mente más abierta y pienso que esos comentarios casposos que encierran tantos prejuicios acabarán siendos barridos por el propios tiempo y la ley de vida. Besotes

Sinclair

3'14 dijo...

Mi hijo tiene 7 años, y desde siempre ha jugado más con un grupo de niñas que con uno de niños, aunque con estos también juega. No le gusta practicar deporte y sí los cuentos, las pelis, los juegos y todo lo relacionado con el mundo de las princesas disney. ¿Eso lo convierte en gay? Pues francamente, no tengo ni puta idea, y tampoco me quita el sueño. Pienso que son estereotipos y prejuicios: el niño que se pinta y se pone vestiditos es marica y la niña que juega al futbol bollera... menuda gilipollez...
Son edades en las que están "experimentando" pero no en el sentido en el que te refieres en el post en cuanto a un chico que se manifiesta homosexual se apresuran en justificar como un periodo de experimentación.. no... creo que hoy por hoy, los críos tienen la ventaja de poder expresar sus gustos, su personalidad de forma abierta y sin represiones, de ahí lo de experimentar, antes tenían limitaciones, ahora no tantas. Puede que sean fases, puede que sea empezar a trazar el camino de lo que a medida que crezcan serán...
Mi mejor amigo, y padrino de mi hijo, durante su infancia-adolescencia experimentó lo único que al parecer se podía hacer/sentir en el momento: ser hétero. Por suerte para su pareja actual, aquello sólo fue una fase ;)

Cuando alguna vez hemos comentado entre otras madres (ay, sí, vivo en un cliché en el que al dejar a los niños en el cole no hay ni un sólo padre que se apunte a tomar un café, ojalá hubiera alguno, pero no es esa mi realidad...) cómo son nuestros hijos, en seguida se han apresurado en decirme eso de que lo de 3'15 es una fase y que todavía no están definidos sexualemnte a esa edad, yo francamente, no tengo ni idea, pues no soy experta en evolutiva infantil y algún libro que he tratado de consultar, no en busca de respuestas por si mi hijo es gay o no, sino para entenderlo a secas, tampoco me han resulto ciertas dudas, porque detrás de cada libro hay una persona con sus propios criterios, que no tienen porque ser los míos, y me dicen como consuelo que fíjate tú, pero si dice tener novia (como si con 7 años supieran lo que eso significa, vamos, los hay que ni con 40 lo saben todavía... eso sí me parece una convención social que han sabido encajar a la perfección...) Una de las amigas de mi hijo, afirma ser la novia de Tintín y nadie se echa las manos a la cabeza fabulando que sufra delirios... ¡faltaría más!Dejémosles ser como ellos sean. Al contrario de ocultar las distintas formas de relacionarse emocional y sexualmente con los demás, creo que deberían exponerse todo tipo de amor o atracción de forma completamente natural y NORMAL (ahora me viene a la mente aquello de la cabra, pero ese es otro tema que dejo para otro comentario o no termino nunca)... Pero luego ves las ilustraciones en los libros de texto y simplemente se reducen a mostrar la familia de modelo clásico-convencional: padre, madre e hijos.
En definitiva, que sí, que vivimos en una sociedad hipócrita.

coxis dijo...

Tenemos mucho compañero troglodita (desde el que acaba de aprobar las oposiciones hasta el que ya tiene reducción de horario por ser mayor de 55) claro que sí

Cinephilus dijo...

Muy interesantes, como de costumbre, vuestros comentarios. Gracias por darle vida (y pensamiento) al blog. Y ojalá vuestra tolerancia -real, cotidiana, evidente- fuera la que predominara en esta sociedad. Besos a todos ;-)

tatus dijo...

Hola¡
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tatiana.

SisterBoy dijo...

Nunca agradeceré lo bastante a Internet el haberme hecho comprender lo equivocado que estaba con respecto a los gays y todos los tópicos y prejuicios que, incluso sin saberlo, tenía sobre ese tema. Pero todavía tengo que seguir aprendiendo.

MIni dijo...

Buenas.En primer lugar felicitarte por el articulo, me parece sencillamente brutal. Me parece que tienes toda la razon, mas de una vez he estado pensando sobre este tema, y mas que la homofobia de manera directa me molesta la encubierta. Una manera hipocrita, sin duda de enfretarse, y ya no enfrentarse(¿por que enfrentarse?) a la manera de vivir la sexualidad de otra persona, o de que determinada persona decida vivir de manera libre y plantearse lo que por miedo ellxs nunca son capaces de plantearse.
Yo tambien he sufrido este tipo de discriminazion, de personas hechas y derechas que se refugian en leyes y valores democraticos, y tildan sus discursos de tolerantes cuando en realidad apestan a marujeo de pueblo... ¡No me importa que seas lesbiana, hija! ¡Pero como se que no lo eres! Nunca me dejara de sorprender esa frase, y aveces para volver a enrabierme con este tema, me la recuerdo; me sorprende, ante todo la capacidad de autoengañarse y cegarse ante otras maneras de vivir, para que todo sea como tiene que ser y siga el ritmo del todo va como tiene que ir.