10.4.10

Sintaxis y misoginia

Los dos ministros presentaron su dimisión.
Los jugadores de la selección se sienten fortalecidos por su victoria.
Los responsables todavía no han sido procesados.
El profesor decidió que el examen se celebraría el lunes.
El general se mostró dispuesto a colaborar.
El líder de esa formación política fue aclamado por sus simpatizantes.
Antes de salir María siempre se arregla durante dos horas.

Todas estas oraciones pertenecen al mismo libro de texto de Lengua y Literatura. Todas ellas son ejemplos propuestos por dicho manual para practicar el análisis sintáctico, la única destreza que parece preocupar a quienes diseñan los planes de estudios de Lengua y Literatura (¿para qué alimentar el amor por los libros cuando podemos jugar a los sudokus sintácticos?). Y si se fijan bien, comprobarán enseguida que todos los enunciados propuestos coinciden en un mismo rasgo: reflejan, casualmente, una visión sesgadamente masculina del mundo.

Resulta curioso -por no decir, preocupante- cómo se transmiten, de modo directo o indirecto, estos planteamientos claramente desvirtuados de la realidad, de manera que en la sintaxis seguimos sin tener ministras o jugadoras de fútbol, aunque sí aparezcan los sujetos en femenino para aquellas acciones de naturaleza estética que revistan una cierta coquetería (como la de la pobre María, que siempre tarda dos horas en el baño antes de poder salir de casa).

No sé si se trata de un despiste o si, simplemente, no ha habido ningún editor de ese libro que se haya planteado el rasgo sexista del mismo. Implícito, sí, pero profundamente rotundo y alarmantemente repetido. Y es que si no somos capaces de alterar nuestra visión de la realidad en algo tan sencillo como las oraciones que proponemos para el análisis sintáctico, ¿cómo vamos a fundamentar otros cambios mucho más sutiles y necesarios aún en la enseñanza secundaria en nuestro país?

De momento, a pesar de que hay editoriales que sí tienen en cuenta estas cuestiones (mucho más relevantes de lo que pueda parecer: aún queda mucho camino por recorrer en la lucha por la igualdad), seguimos inmersos en un mundo de jueces, ministros, jugadores de fútbol, abogados y presidentes, enfrentados a secretarias, enfermeras y Marías que se arreglan compulsivamente frente al espejo, quizá porque hay quienes -desde su velada o no tan velada misoginia- no están en absoluto dispuestos a dejarles salir de él.

8 comentarios:

MIni dijo...

Es algo asimilado el como se usa el lenguaje para incentivar desigualdades sexistas. Normalmente suele ser por el uso del genero masculino antes del femenino, la discusion eterna del genero neutro... Pero es increible ver como incluso en libros de texto, la cosa va mas haya, y que la unica frase en la que aparece una mujer, se remarquen esteriotipos imbeciles, patriarcales y superficiales.

Gracias una vez mas por tus textos ^^

coxis dijo...

A mí siempre me gusta cambiar las frases que aparecen en los libros, porque algunas son de pegarse un tiro por debajo de la boina...

Milty Flinn dijo...

Mi humilde opinión es que debemos cambiar los roles porque realmente son distintos y han evolucionado, pero lo que no soporto es que se usen expresiones como el/la enfermero/a, el/la funcionario/a,... es agotador... Y por supuesto, nada de faldas en los muñecos de los semáforos... Somos diferentes, ni mejores ni peores.
Y reitero que es mi humilde opinión.
Salu2

Cinephilus dijo...

Totalmente de acuerdo, Milty. No a la reiteración inútil (no se debe contradecir el más universal de todos los principios idiomáticos: la economía lingüística) pero sí al cambio de roles. Cuanto más cambiemos y alteremos el lenguaje, más contribuiremos a cambiar nuestra percepción de la realidad, alejándola de estereotipos desfasados y misóginos.
Gracias por vuestros comentarios. Es estupendo leeros por aquí ;-)
P.S. Coxis, compañero, qué razón tienes... ;-)

SisterBoy dijo...

Gracias por la aclaración en respuesta al comentario de Milty porque había empezado a preocuparme :)

Arual dijo...

Otro post estupendo en tu blog, tu reflexión me ha invitado a recordar porque en publicidad nunca aparece un padre intentando quitar la mancha del recién ensuciado jersey del hijo en el parque, y no digo que no haya padres que lo hacen, que los hay, pero si ya todos los mensajes que nos llegan siguen siendo "como siempre" cómo van a crecer nuestros hijos... "como siempre"???

3'14 dijo...

Hola , soy María, y claro que me tiro dos horas para arreglarme antes de salir, si es que tengo que terminar de planchar su camisa, correr detrás del niño para que haga el favor de vestirse, dejar en marcha el lavaplatos, recoger la mesa, decidir qué me pongo y secarme el pelo (que lleva su tiempo con lo largo que lo llevo...)
Ah, y lo mejor de todo es que, cuando por fin salimos, él tiene que acabar volviendo a subir porqué se ha dejado la cartera.


Sí, mi texto es sexista (por decirlo suave), pero cuantas personas se sentirían identificadas si lo leyeran...
¿El uso de un lenguaje políticamente correcto ayuda a cambiar las actitudes? Creo que, si las personas ya tuvieramos otros hábitos adquiridos, otra conciencia, este tipo de frase nos resultarían desfasadas o sencillamente igualitarias (¿Acaso Pepe hoy en día no se tira también dos horas para arreglarse? Yo, que soy María, en cinco minutos puedo estar lista, así es que esa frase no me identifica, y como tal, no la hago estandarte de uno de tantos colectivos a los que por identidad pertenezco, en este caso "ser mujer".

Por otra parte estoy de acuerdo en cómo resalta una sola frase en femenino entre todas esas masculinas... Por cierto, ¿Podrías decirme el género del/la autor/a del libro de texto? Uff, sí, como cansa esto. Espera que busco otra fórmula: ¿Podrías decirme quien ha escrito ese libro de texto? ;)

Cinephilus dijo...

Me ha encantado tu comentario, Pi. Un post en sí mismo. Divertidísimo y muuuuuuuy agudo. Abrazos :-)