3.4.10

Una semana en Nueva York




Vistas desde nuestra habitación...




Es extraño, pero echaba de menos Nueva York. No acabo de entender cómo se puede echar de menos algo que solo se ha visto una vez, así que supongo que su omnipresencia -cinematográfica y televisiva- en nuestras vidas, hace que sintamos que esa ciudad nos pertenece mucho más de lo que la simple experiencia vital pudiera decirnos. En cierto modo, ¿no es tan real lo que vivimos a través del cine o de la literatura como lo que vivimos fuera de ellas? Incluso, si seguimos a Alicia a través de su espejo, ¿no es más real lo primero que lo segundo? Dudas virtuales aparte, este retorno -ansiado- a Nueva York prometía ser un viaje estupendo. Y no ha defraudado nuestras expectativas, más bien al revés, pues se ha convertido en una semana, simplemente, excepcional. Aquí van algunas pinceladas de todo ello...




Paseando por Central Park


1. Tim Burton en el MoMA


Una exposición obligada para todos los fanáticos del mundo de Tim Burton, un autor que domina mejor el código que el mensaje, pero cuya estética ya justifica -por sí sola- su status de creador. Bien es cierto que su producción es desigual y que en ocasiones los argumentos quedan francamente apagados ante su paleta cinematográfica, pero también es indiscutible que su visión de los personajes y de los escenarios ha cambiado nuestra forma de percibir la imagen y, sobre todo, de sentirla, dando un paso más allá por la senda de Frankenstein & Cia al extraer lirismo y belleza de todo aquello que debería ser perverso u oscuro.

En el MoMA se le rinde un merecido homenaje en el que se pasea, sobre todo, por su producción visual, ofreciendo una extensa variedad de sus dibujos y bocetos, y demostrando que su éxito no es producto de la casualidad, sino el resultado de un rico mundo interior lleno de criaturas, temas y ambientes. La exposición se completa con una serie de esculturas necesariamente emotivas para quienes amamos su cine y, cómo no, con algunos objetos de esos que los mitómanos no podemos dejar de admirar, como el jersey de angora de Ed Wood -una obra maestra- o el cochecito donde iba el bebé Penguin de su oscura y poco valorada Batman returns.


2. A view from a bridge
No es el texto que mejor ha envejecido de Arthur Miller, pero su escritura -prodigiosa en la recreación del drama individual y, sobre todo, en la caligrafía del fracaso- sigue siendo lo suficientemente eficaz si cae en manos de un buen director y de un elenco que sepa hacerse con los personajes. Y este es, precisamente, el caso de esta función, soberbiamente -y sobriamente- dirigida por Gregory Mosher e interpretada por Liev Schreiber, Scarlett Johansson y Jessica Hecht.


El trío protagonista funciona a la perfección y Scarlett demuestra que tiene, cuando menos, un agente estupendo, capaz de elegir para ella el mejor de los roles posibles para su debut en Broadway. Su personaje, la joven Caty, está llena de sensualidad y, sin grandes dificultades textuales, permite un enorme lucimiento interpretativo. Ella nos sorprendió por su seguridad escénica, por su dominio de la voz y por su presencia sobre las tablas, motivos que le han granjeado unas críticas espectaculares por el que es su primer trabajo teatral. Jessica Hecht -a quien recordaba de Whatever works, la última de Allen- borda su papel de B., la esposa de Eddie. Y, por último, Liev Schreiber da todo un recital interpretativo en su creación de Eddie, una interpretación asombrosa que nos dejó, literalmente, boquiabiertos. Admito que mi interés por esta función radicaba más en Scarlett y no esperaba, en absoluto, encontrarme con un actor de esa solvencia, de esa capacidad y, a su modo, de ese atractivo. Un antigalán que se come cada escena y que se llevó una más que merecidísima ovación. Solo por ello creo que podría volver a ver Lobezno, ese horror en el que Liev era, pese a todo, lo mejor de la película.


3. Next to normal

Es el gran nuevo musical de Broadway. Next to normal se estrenó el año pasado y ahora, en abril, cumple su primer año. Se trata de una de las escasas funciones que no han sido suspendidas por la crisis y su éxito radica en su rareza. Inusual es su reparto -solo seis actores-, su partitura -excelente, pero no facilona-, su puesta en escena -un escenario único: inteligentísimo, pero nada espectacular al modo al que el público del musical está acostumbrado-, su reparto -anónimo en su mayoría: magistrales todos ellos-, y, sobre todo, su argumento: cómo trata de sobrevivir a la esquizofrenia de sus miembros una familia media americana.



El tema, la locura, no es precisamente fácil y tampoco lo es su desarrollo escénico, cuya trama recuerda al piloto de Mujeres desesperadas y, sobre todo, a algunos de los mejores episodios de Six feet under. La obra aborda el tema con una inteligencia poco habitual y no soslaya las partes más duras, oscilando entre el drama psicológico y el humor negro (escaso pero genial). Los actores se dejan la piel en sus interpretaciones -de ahí el Tony a la mejor actriz para Alice Ripley, la protagonista femenina- y el musical funciona por su originalidad, por su honestidad, por ser diferente.

Kyle Dean Massey en Next to normal


Es curiosa su trayectoria, ya que se estrenó en primer lugar en un escenario pequeño alejado de Broadway y fue un productor quien decidió apostar por ello, respetando la esencia casi indy del montaje original. El resultado es simplemente espléndido y su éxito no es más que la confirmación de que sí hay un público inteligente que espera ver cómo los géneros cambian y evolucionan, un público que necesita nuevas historias y ficciones, nuevas formas de contar, y nuevos rostros que lo cuenten. Destacaremos, además de a Ms. Ripley, al guapísimo Kyle Dean Massey, toda una joya en más de un aspecto...




A punto de entrar en la ópera


Además, también hubo tiempo para la ópera -un Hamlet curioso, en el que destacaba la excelencia vocal de su reparto-, para más museos -con una larga y aprovechada visita al Guggenheim-, y -cómo no- para las compras, alternando el lujo de la Quinta Avenida con el mundo (falsamente) alternativo del Soho, tan próximo en su concepto a otros barrios entre indy y luxury como Le Marais parisino, por ejemplo.





Caminando por Broadway



En cuanto a hoteles y restaurantes, aquí dejo algunos consejos de nuestra experiencia neoyorquina...

...New York Palace, una referencia obligada para los fans de Gossip Girl. Allí hemos estado alojados -en el espacio que ellos llaman The towers, y que es algo más tranquilo y exclusive que el resto del hotel. Muy recomendable en todos los aspectos, sobre todo en la cuestión del servicio, que resulta, simplemente, perfecto.



Viviendo la noche en NYC



...Restaurante Four Seasons, diseñado por Mies van der Rohe & Philip Johnson y lugar de visita obligada para los amantes de la buena mesa en un entorno exquisito y sofisticado. Muy Truman Capote (quien, por cierto, lo menciona en algunos de sus textos).

...DB Bistro Moderne, cerca de los teatros de Broadway, y célebre por su chef, Daniel Boulud, uno de los más aclamados de Nueva York. A destacar su famosa hamburguesa (rellena de cordero y foie) y acompañada de patatas soufflé.

...The river café, bajo el puente de Brooklyn. Presente en más de una película de Allen y poseedor de una de las vistas más hermosas de Manhattan.


Brunch en el River Café. La vista, impagable...



...Buddakan, recomendación de mi buena amiga Pal y muy conocido tras su aparición en la película de Sex & the city. Un restaurante inmenso compuesto por espacios tan espectaculares como bien organizados y mejor decorados. La comida, asiática, espléndida y el servicio tan sofisticado como preciso. Conviene llevar bien anotada la dirección, porque no hay un solo indicador fuera del edificio, algo similar a lo que ocurre en mi adorada Le Societé, también en París.

...Barneys, su cafetería no solo tiene unas bonitas vistas, sino que permite hacer un almuerzo ligero y muy americano a media mañana.

...Armani Restaurant, en plena Quinta Avenida (frente a la inacabable fila de Abercrombie & Fitch) e impecablemente diseñado. Un italiano perfecto -en todos los sentidos-, con unas vistas espectaculares y un ambiente moderno y elegante, muy de don Giorgio. Un hallazgo tanto para tomarse un cocktail a media tarde como para disfrutar de una buena comida.


Armani Restaurant, en la Quinta



...Soho Grand Hotel, en (obviamente) el Soho, en el 310 de West Broadway. Uno de esos sitios eternamente de moda y eternamente llenos. Ideal para hacer una pausa entre las compras y las galerías de arte de la zona. Y muy curioso (y fuerte) el sabor de su Dirty Soho. Para los más atrevidos.



De compras por el Soho



...Cafe Luxembourg, ideal para asisitir a una ópera en el Metropolitan. Eso sí, hay que reservar. Suele estar siempre lleno de espectadores entre hambrientos y nerviosos (por aquello que han van a ver a continuación).

...The modern, el restaurante del MoMA, con dos ambientes (uno formal y otro más informal), una carta muy bien pensada, un servicio espléndido y un entorno de lo más apetecible. Otro de esos lugares donde no se debe ir una única vez.

Hay más nombres, más lugares, más vistas..., pero creo que estas pinceladas sirven, aunque sean solo una parte del viaje, para resumir algunos de los instantes en él vividos. Unos instantes que, de nuevo, vuelven a provocarme la misma nostalgia de la primera vez. Las mismas ganas de regresar -juntos- a una ciudad que no deja de sorprenderme. Ni de fascinarme.

Nos vemos pronto, NYC. Seguro.

7 comentarios:

Mer dijo...

Yo tengo mucha morriña, tengo muchas ganas de volver y cambiar de estrategia, porque NY no es para hacer turismo, sino para disfrutar como un neoyorquino más, y para eso nada mejor que un segundo viaje.

Has estado en el Palace!!! Qué locurón! Eso sí que es disfrutar!

Me has dado mucha envidia con lo del musical.

Cinephilus dijo...

Totalmente de acuerdo, Mer. NYC es para disfrutar la ciudad al 100%. El segundo viaje, en el que se prescinde de "excursiones obligadas" (como la subida al Empire con su pertinente y kilométrica cola o la visita a la Estatua de la Libertad), es mucho más jugoso e interesante. Lo mejor es dejarse la guía en casa y dejarse llevar por la ciudad. O, como en mi caso, dejar que tu pareja sea tu guía, sobre todo si tiene tan buen gusto como el mío ;-)

3'14 dijo...

En una palabra: ENVIDIA

Pero me alegro mucho por vosotros, que podais disfrutar de esos viajes tan fascinantes. Y bueno, una parte de mí te agradece que lo cuelgues, así me hago más idea todavía de como es esa ciudad, porque no creo que vaya a visitarla nunca, la otra, pues eso, envidia de la verde, teñiosa y asquerosa que siento!! ;)

Cinephilus dijo...

Nunca digas nunca, querida Pi. Ya sabes, Bond dixit ;-) Besotes

SisterBoy dijo...

Entre tu crónica y la de otros blogueros del aura (los comentaristas Mer y Vargtimen) ya tengo información suficiente para cuando yo mismo haga ese viaje.

Batman returns desde luego no es poco valorada por mi ya que la considero la mejor película de Burton.

Arual dijo...

Otra que se suma al sentimiento general: ENVIDIA!!!
Tengo unos amigos que también han estado por allí esta semana pasada con sus dos hijos pequeños y se lo han pasado divinamente. Dí que ellos tienen un guía local, su hermano, y eso ya tiene un precio impagable.
En cualquier caso yo no pierdo la esperanza de viajar a NY alguna vez en la vida, dos veces ya será más complicado, pero bueno, con una me conformo. Y como dice Sisterboy entre vuestros consejos bloggeros y los que también me han dado otros amigos y familiares (entre ellos mis padres) sobre la ciudad, creo que el día que consiga visitarla podré decir también que habrá valido la pena.

Arual dijo...

Ah! Y por cierto la envidia máxima la he sentido con la exposición de Tim Burton en el MOMA, alucinante y más para una fan suya como yo!!!