29.8.10

Conocerás... No, no conocerás

Recién llegado de Estambul (impresionante...), tocaba afrontar el último estreno de mi -otrora admirado- Woody Allen. Y es que su manía de estrenar una película al año le está llevando en caída libre hacia unas cuotas de insulsez a las que, honestamente, no nos tenía nada acostumbrados.

En Conocerás al hombre de tus sueños repite -por enésima vez- temas, argumentos y arquetipos que ya nos había contado antes -y con mucha más gracia- en películas anteriores: el autor en crisis, el hombre maduro que se niega a asumir su edad, la esposa insatisfecha que no sabe cómo reconducir su vida... En este festival de la repetición destaca el fallido (pese a los elogios que le ha dedicado cierto sector de la crítica) personaje de Charmaine, una suerte de clon del que en su día hiciera Mira Sorvino en Poderosa Afrodita, con la única excepción de que, en este caso, no hay un solo gag brillante o no previsible.

El desarrollo de la película es simplón y superficial, con alguna que otra frase ingeniosa, sí, pero con un descuido absoluto de la psicología de los personajes, meros esqueletos movidos caprichosamente por el director a través de una voz en off (¡basta de narradores omniscientes en el cine, por favor!) que nada aporta, salvo la consabida cita shakespeariana como justificación intelectual de una película más que menor.

En cuanto al reparto, digamos que hacen lo que pueden con unos personajes archiconocidos y algo endebles, aunque llama la atención la desgana de Banderas (como mera curiosidad, ¿a qué se debe su pésimo inglés en esta cinta? ¿exigencias por la naturaleza latina de su personaje?), la escasa habilidad interpretativa de Freida Pinto (guapísima, eso sí) y lo antipática que resulta Naomi Watts. A cambio, Josh Brolin y Anthony Hopkins ofrecen un trabajo convincente que, al menos, salva la función del aburrimiento absoluto.

El tema -si admitimos que este vodevil bajo en ideas tiene algún tema- podría ir ligado a los placebos y autoengaños que se asumen para seguir viviendo. El problema es que la resolución premia a la reina de dichos placebos -el espantoso personaje de Helena: insufrible- y el conjunto de la película no aporta gran cosa al respecto, salvo una parodia facilona y algo insulsa del ocultismo -ya visto en La maldición del escorpión de Jade-y lo new age.

Su próxima -y parisina- película, con Carla Bruni incluida, no pinta mucho mejor. Lástima que no ruede en Nueva York y, sobre todo, que no se tome un pequeño descanso para pensar, reflexionar y volver a crear (así, con mayúsculas). Estamos hartos de sus obras menores (puras medianías) y echamos de menos al gran Allen. ¿Seguirá por ahí aún?

3 comentarios:

SisterBoy dijo...

La verdad es que el trailer me había dado mala espina y además no quiero verla doblada así que aparcaré mi opinión.

En lo de dos películas al año el propio Allen ha dicho que trabajando a ese ritmo puede dejar de pensar en la muerte, los que vamos a pensar en ella vamos a ser sus fans si esto sigue así :)

Arual dijo...

Bufff a mi me daba grima que saliera Banderas en una cinta de mi admirado Woody y veo que al final no va a ir mal encaminada mi intuición.

Cinephilus dijo...

No sé, chicos, a lo mejor es que yo le pido demasiado..., pero la verdad es que esta no os la recomiendo... En mi caso, ha sido de lo más decepcionante del año. Besos a ambos