30.8.10

¿Joyas?

¿Un reality show de Telecinco dedicado a enseñar buenas maneras? Ojiplático debió de quedarse más de uno cuando escuchó la última propuesta de la cadena amiga, siempre dispuesta a inventarse nuevas fórmulas con las que redescubrir -por enésima vez- el más que quemado formato de su Gran Hermano. En este caso, había excusa mediática -Carmen Lomana- y hasta pedagógica, al intentar convencernos de que iban a transformar a doce chicos -diamantes en bruto, dijeron- en doce joyas al más puro estilo de My fair lady. La idea, bautizada como Las joyas de la Corona, se ha resuelto como sigue.

En primer lugar, se seleccionó a un presentador borde -Jordi González- para que se riera convenientemente de los alumnos seleccionados. Durante las galas -ese formato tan inevitablemente telecinco- regaña y abronca a quienes no saben cuanto él les pregunta, transformándose así en una versión edulcorada del otro telecinquero de pro, Jorge Javier Vázquez, experto en ridiculizar a entrevistados y colaboradores de cuantas perversas y deplorables formas se le ocurren.

Además del presentador, se coloca a una directora de la Academia bendecida por el aplauso mediático y abocada a quemarse si sigue participando en shows de esta índole. En este caso se trata de Carmen Lomana, una mujer que nos caía simpática -sí, incluso a pesar de que nos costara entenderla cuando habla por culpa del botox- antes de formar parte de todo este tinglado y que, gracias a telecinco, empieza a resultar de lo más cargante. Aún así, al menos acude al plató bien conjuntada y sus comentarios -salvo cuando le da el arrebato pepero a mitad de la gala- son de lo único humano que se escucha allí, demostrando -a menudo- un sentido común del que carecen todos los demás miembros del programa.

Para completar la plantilla, se contrata a unos supuestos profesores de glamour cuya finalidad es desasnar a sus pupilos. Los profesores en cuestión van desde lo meramente hosco y graciosete -como el tal Nacho, con un currículum tan impresionante como haber sido tertuliano en los debates de GH- hasta lo cursi y moña -como el pobre José Liberto, ejemplo de lo que jamás debería hacerse ni decirse en público por mero respeto a la inteligencia y el pudor ajenos. Junto a ellos, una Miss Mundo muy mona y muy simpática que les da clases de conversación (¿...?, en adelante, que los profes de lengua no sean filólogos, sino mister España: no aprenderán nada, pero se lo pasarán bomba viéndolos), una monitora de baile que les enseña cosas tan prácticas como bailar foxtrot o vals (¿quién no ha tenido que afrontar un vals cualquier viernes noche?) y una profesora de arte histérica que les enseña cuadros como quien les pasara cromos de la Liga.

El alumnado, por supuesto, no tiene desperdicio (si bien no distan nada de lo que tienen en los demás programas supuestamente no maleducados de la casa: ¿qué diferencia hay entre ellos y los de Mujeres y hombres o cualquiera de los seres que se sientan en Sálvame?). A los jóvenes se les trata como idiotas -uno de ellos lo dijo: por supuesto, lo echaron en esa misma gala- y se mofan de ellos -con mal estilo y mucha mala baba- cuanto pueden y les dejan. Lo triste es que los alumnos no solo no tenga educación -que no la tienen: son un bonito ejemplo del triunfo de la LOGSE en nuestro país- sino, sobre todo, que no tengan dignidad para enfrentarse a semejante caterva de aprovechados y dejarles con un palmo de narices de una vez. Esto, sin embargo, es imposible, ya que el premio al que aspiran -la fama, que no la formación- es demasiado jugoso en nuestros días. Mejor ser un friky famoso -y de esos andamos sobrados: la Esteban, la Trapote, el Rafa Mora, los Matamoro, la Patiño y otros tantos que solo merecen ser citados con un sonoro artículo delante- que ser alguien anónimo con un mínimo de dignidad.

Entre los alumnos, cómo no, destaca el sector yo soy la juani, con dos ilustres miembros: el dúo parla-lega, lega-parla (Lara y Azahara), compuesto por dos seres supuestamente humanos -sabemos que pertenecen a nuestra raza porque emiten sonidos cercanos al lenguaje natural y tienen los mismos miembros y órganos que cualquiera de nosotros- y que ejemplifican el chonismo no ya como una realidad, sino como una verdadera y profundísima religión. Junto a ellas, una estudiante de cuarto de derecho que desconoce palabras tan insólitas como lujuria o venia, otra concursante entre psicópata y bipolar que habla consigo misma en cuanto pueda o un tipo que presume de ser capaz de improvisar canciones de Camela si alguien le da seis palabras para ello. Quién no querría una habilidad como esa, por cierto.

En la última gala, sin embargo, ocurrió algo imprevisto cuando uno de los favoritos -Julián: un tipo guapo, cachas y educado que nunca supimos qué pintaba allí, salvo contentar a la audiencia femenina y gay con sus planos sin camiseta- fue nominado junto con otra compañera. Al ver cómo salvaban a los otros ejemplares choni-pseudohumanos, el chico se negó a responder las preguntas que le hubieran permitido salvarse. Fue el primer caso de autoexpulsión en un reality y, sobre todo, una protesta más que coherente ante un circo -otro más- que dejó claro hasta dónde llega el nivel de tongo argumental del mismo. Básicamente porque en esa misma gala decidieron incluir entre los concursantes a una tal Cari -solo su nombre ya es de juzgado de guardia- que resultó ser amiga -y clon- de una de las máximas chonis del reality. Así pues, esta última no solo no podía ser nominada, sino que había que conservarla allí como fuera, a a la espera de jugosos y polémicos vídeos donde la viésemos repetir algunos de sus momentos más glamourosos.

En definitiva, una auténtica -manipulada y tramposa- joya de la telebasura que, confiamos, seguirá perdiendo audiencia (si es que le queda alguna tras su flojísimo estreno) y para la que esperamos que no haya una segunda edición. O quizá sí, una edición donde los concursantes sean el tal Jordi, o el Jorge Javier, o cualquiera de esos personajillos que han hecho de la ridiculización pública y del rumor sobre la vida ajena un espectáculo. Como decía la otra noche una buena amiga mía, esto es lo que trae consigo el lamentable "belenismo". Y llevaba razón.

3 comentarios:

inquilino dijo...

Pues aparte de que la ignorancia me produce tristeza en lugar de risa (y, por tanto, nunca le he encontrado el aquel a estos programas que consisten en ridiculizar a alguien por ser ignorante), siempre me despiertan la misma reflexión: ¿cuántos de esos espectadores que se ríen de esta panda de chonis son capaces de identificar a Angela Merkel en una foto? ¿Cuántos saben quién fue Cela?
http://www.youtube.com/watch?v=SyVaTmqh8Wk

Susana dijo...

Estoy de acuerdo contigo, Lydia. Lo último, fichar a la dueña de una "agencia" de señoritas de compañía para dar datos sobre sus clientes... ¿y el secreto de confesión?.

SisterBoy dijo...

Jo y Queer Inquirier casi me convence de verla.