20.8.10

The secret of Kells

En verano a veces irrumpe en la más que deplorable cartelera (llena de tonterías como El equipo A, Karate Kid, The expendables o Salt) alguna película especial de esas que, sin hacer mucho ruido, saben conquistar a quien se sienta frente a ella... Ese es el caso de The secret of Kells, una pequeña joya de la animación europea que plantea un tema tan apasionante como difícil de trasladar a una película de dibujos animados: la preservación y la difusión de la cultura. Y, sin embargo, sus autores consiguen superar con creces el reto.

Tomando como excusa el famoso Libro de Kells -exacto, el custodiado en el Trinity College-, se crea una historia de acción, magia y aventura (no exenta de crueldad: terrible el ataque vikingo contra el monasterio, por ejemplo) en la que, de paso, se explica de modo didáctico -y amenísimo, nada pedante ni ex cathedra- cómo se trabajaba en los scriptoria medievales. A su modo, podría servir como una revisión infantil -que no pueril- de El nombre de la rosa, con un protagonista del que resulta difícil no enamorarse, un miniaturista que representa la defensa a ultranza del libro como fuente de sabiduría y conocimiento, y un hada que recoge en su verde y traviesa mirada toda la tradición de las xanas, anjanas y demás personajes mágicos de la mitología céltica. Todo ello dentro de un festival de imágenes tan creativas como poderosas, tan espectaculares como íntimamente ligadas al tema y al contexto de la acción. Una joya que, desde luego, ningún amante de la animación debería dejar pasar y que, en mi caso, pienso usar -en cuanto se edite en dvd- en mis próximas clases de Literatura Medieval. Ya lo sabéis, chicos (que sé que algunos os dejáis caer de vez en cuando por aquí), el año que viene la vemos en el insti ;-)

Y, con el buen sabor de boca de The secret of Kells (anímense, no se arrepentirán), pongo un paréntesis necesario al blog. Este verano ha sido estupendo -Marbella, Londres, París...- y ahora, como cierre, nos toca (qué ganas) descubrir Estambul... A mi regreso, un post sobre el verano y, si se tercia, sobre la miniserie de The prisoner que, pese a haber desatado opiniones desiguales y variopintas, a mí me ha satisfecho mucho más de lo que pretendía... Sean buenos en mi (turca) ausencia. O. al menos, inténtenlo.



P.S. Ah, y propongo que se vete a ciertos padres a ver este tipo de películas con sus hijos. Entiendo que pregunten cuando no entienden algo. Entiendo que tengan que ir al baño. Entiendo que puedan dar un poquito la tabarra. Pero no entiendo que se distraigan con un concurso de "imitación de pedos y eructos" y sus padres, lejos de reprenderlos, se rían con ellos. No entiendo tener que pedirle a un adulto que regañe a sus retoños por mucho que le aburra una película donde no se use el 3D y en la que, para colmo, se habla de un tema tan aburrido como la cultura. Con lo bien que se lo habrían pasado en cualquier sandez de vampiros adolescentes todos ellos... En fin, que hay mucho vikingo suelto (me temo).

3 comentarios:

SisterBoy dijo...

Tomo nota.

El jardinero dijo...

Me encantó tu análisis. Cuando vuelvas de vacaciones te haré unas preguntas sobre una misteriosa peli que no sé encontrar.

Un saludo

3'14 dijo...

No había oído hablar de ella, al igual que sisterboy, tomo nota ;)

Es triste, pero la mala educación reside en todas las edades y encuetras "vikingos" en todas las salas de cine y todo tipo de sesiones... incluso en las salas VO... Lo de los críos y el cine es algo que debería, como bien dices, solucionarse desde los propios padres, pero claro... si ni estos tienen sensibiliad, ¿Cómo van a transmitirla a sus hijos?
Personalmente llevo a mi hijo al cine desde los 2 años. Y nunca he tenido que llamarle la atención, entra en un silencio sepulcral en cuanto se apagan las luces, y permanece atento a la pantalla en todo momento... de no ser así, no volvería a llevarlo hasta que no supiera comportarse.