17.8.10

Un Segismundo de andar por casa

Hay diversos modos de conseguir que un macguffin pueda resultar útil desde el punto de vista narrativo. Personalmente, los resumiría en dos opciones:
a) El macguffin está lo suficientemente oculto como para que el espectador no se dé cuenta de que realmente es solo un elemento accesorio dentro de la trama.
b) El macguffin es evidente, pero los personajes -y su mundo- poseen un carisma tal que al espectador no le importa entrar en el juego, ya que lo que le interesa es tener una excusa -sea cual sea- para seguir formando parte de ese mundo.

En el caso de Inception, la última película de Christopher Nolan, no se cumple ninguna de estas premisas. Aquí el macguffin es obvio desde el inicio (a nadie le importa la trama del hijo del multimillonario) y los personajes carecen de carisma alguno que pueda importarnos. Todos somos conscientes desde la primera escena de que el auténtico viaje que nos propone el director es la regresión al pasado del protagonista, un Leonardo di Caprio a años luz de sus buenas interpretaciones (como su fantástico personaje en Revolutionary Road) al que le han colgado, para colmo de males, a una de las actrices con más tics y mohínes del cine actual, Marion Cotillard, con un personaje del que lo sabemos todo antes de que empiece incluso a hablar. Su historia de amor no tiene la suficiente fuerza como para sostener la trama ni, mucho menos, el interés del espectador, por no hablar del trillado asunto de la culpa y su expiación, contado aquí con la misma profundidad que se analiza la adolescencia en un episodio de Hannah Montana.

Por lo demás, es una película de estructura absolutamente clásica y previsible, que se esfuerza en ser clara y nítida en todo momento -nada que ver con las libertades narrativas de su excelente Memento- y que, por si fuera poco, trata de adentrarse en el mundo de los sueños utilizando reglas. Desde ese momento, el film pierde todo su interés, al normalizar -y normativizar- algo tan anárquico como lo onírico. Para colmo, su supuesta coartada intelectual -la confusión entre el sueño y la realidad- es un tema tan viejo como la propia literatura, y lo encontramos desde en cuentos de Las mil y una noches hasta en La vida es sueño, obra que seguramente nadie del equipo de Nolan ha leído. Una pena, porque el tal Calderón se les adelantó unos cuantos siglos, la verdad.

En cuanto al argumento, estamos ante la enésima versión de un "atraco perfecto" con sus cuatro momentos típicos y esperables : 1. un golpe fallido que nos explica cómo funciona el grupo de ladrones, 2. la formación de la banda ideal, 3. el diseño del plan y 4. el gran golpe. Nada que no hayamos visto mil veces con actores mucho más inspirados y guiones mucho menos pretenciosos. Porque lo malo de Inception no es que dure dos horas y media (!!!!), ni que cada dos por tres se nos regale una escena de acción comercial entre correcta (las del hotel) y cutre (las de la nieve: ¿¿¿quién ha rodado ese horror???, horror muy parecido, por cierto, al aburrido procedimiento de aprendizaje del héroe de manos de Liam Neeson en Batman begins), ni que el guión caiga una y otra vez en la incoherencia al saltarse sus reglas cuando le viene en gana..., no, lo malo es que Nolan trata de vendernos un thriller intelectual -léase con ironía- que pareciera que hubiera nacido de una lectura de Freud por Terelu Campos. La película, con su Segismundo reconvertido en Jason Bourne, no deja poso alguno (es tan profunda como un cuestionario de la revista Vale) y su error consiste en creer que sí lo hace.

Por lo demás, el plano final no es más que una previsible vuelta de tuerca -otra más- para darle -con calzador- un par de niveles de interpretación a un desenlace casi tan sonrojante como el de The prestige, cima -esta sí- de lo peor que ha dirigido Nolan (a su lado, la meliflua El ilusionista era toda una joya del cine...). En definitiva, ciento cuarenta minutos para una película convencional que el marketing ha conseguido vender como lo que no es. Al menos -algo es algo- sale Ellen Page. Su papel es tontísimo y su participación en la trama, más tonta aún..., pero ella sigue teniendo gracia. Confiemos en que no haya una saga Star Wars o similar que nos la destroce como intentaron hacer con mi otrora querida Natalie Portman.

3 comentarios:

SisterBoy dijo...

b) El macguffin es evidente, pero los personajes -y su mundo- poseen un carisma tal que al espectador no le importa entrar en el juego, ya que lo que le interesa es tener una excusa -sea cual sea- para seguir formando parte de ese mundo.

Buena observación a la que se pueden agarrar aquellos a quienes ha gustado la película, es decir los que hemos entrado en el juego, luego están los que no como tú y yo diría que la mitad de la audiencia crítica. Puestas así las cosas hay poco que discutir salvo estar de acuerdo en algunas observaciones (confieso que lo de la nieve es un pufo) y en desacuerdo en otras (No creo que Di Caprio esté mejor o peor que en otras cintas, yo creo que está igual, la Cotillard y su boquita de pión es perfecta para el papel que hace y al menos Ellen Page no genera deseos homicidas en el espectador como sí ocurriera en dos de sus películas más celebres).

Cinephilus dijo...

Jajaja, yo a Ellen Page la habría asesinado en Juno. ¿Cuál es el otro film en el que te desató instintos homicidas? ¿Hard Candy?

SisterBoy dijo...

Pues sí, es trágico que en una película te pongas de parte de un asesino pederasta :( . Y no me pasó a mi solamente, conozco a muchos que estaban deseando que el pyscho le aplastara la cabeza a la nena terrible.