13.9.10

Riesgo y emoción


Hay que ser valiente para plantear una película como Todo lo que tú quieras. Valiente porque su guión parte de una arriesgadísima metáfora -todo un salto mortal en lo que atañe a su verosimilitud- que, además, exige un nivel interpretativo realmente complejo. Valiente porque no se conforma con los tópicos que sobre su tema -paternidad/maternidad- se suelen plantear. Y valiente, sobre todo, porque se trata de un drama que pretende emocionar -además de hacernos reflexionar- sin ningún otro tipo de coartada brechtiana. No hay aquí ni una sola dosis de distanciamiento, sino una historia que se presenta a sí mismo siempre en el borde de lo probable y que, sin embargo, resulta tan impactante como difícil de olvidar.

Leía esta semana en El cultural de El Mundo unas declaraciones entre atroces y aterradoras de ciertos productores españoles cargados de ínfulas comerciales, que no creativas, en las que personajes como una tal Emma Lustres afirman que el futuro del cine español consiste en "producir filmes que gusten a la gente. Eso significa pensar desde el primer momento cómo vamos a venderlo, a qué público puede interesarle y etc, cosas que corresponde a los productores pensar, no a los directores". Esta (espeluznante) teoría es la que da lugar a bodrios como Lope o Fuga de cerebros, mientras que impediría el estreno de películas tan personales como la última de Achero Mañas. Es curioso que todos estos productores insistan en que quieren imitar el modelo de Hollywood -el mismo que ha destruido géneros como la comedia gracias a sus fórmulas desgastadas- y renieguen de un tipo de cine -el social- que ha dado grandes títulos en nuestro país. En sus palabras (arrogantes y llenas de una profunda ignorancia cinéfila) destierran títulos que podrían abarcar desde Calle mayor, pasando por Plácido y llegando a Te doy mis ojos, Barrio o El bola, por poner algunos (escasísimos) ejemplos. Por fortuna, siempre hay gente capaz de dejarse la piel en lo que hace y ese, sin duda, es el caso del director-guionista-productor de Todo lo que tú quieras, un Achero Mañas que no se anda con medias tintas y que se juega la partida con una mano más que complicada, consciente -supongo- del riesgo que entraña cada fotograma de esta película.

Personalmente, confieso que no solo la he disfrutado -y mucho- sino que, sobre todo, me he emocionado tanto con la historia como con el tema y los personajes, y me ha llamado la atención la inteligencia con la que se plantean asuntos tan difíciles de tratar como la homofobia o las relaciones familiares en el siglo XXI. Sin embargo, admito que la historia requiere un esfuerzo por parte del espectador, de modo que quien no quiera atravesar con el director el espejo propuesto, puede que se sienta fuera en todo momento, o incluso que encuentre grotesco lo que se cuenta. En mi caso, sin embargo, he cruzado con gusto ese espejo gracias a tres factores:

- el guión: como narrador y dramaturgo, me ha parecido muy inteligente la forma de hilvanar una fábula tan extravagante, consiguiendo que las piezas encajen de modo fácil y casi lógico. No es nada sencillo escribir un texto como este y, la verdad, solo puedo aplaudir el modo en el que se han engarzado todas las piezas;

- la interpretación: bravo por todos y, muy en especial, por Juan Diego Botto, del que no soy especialmente fan y que, sin embargo, me ha maravillado en esta cinta. Su trabajo es impecable, lleno de sensibilidad, de matices, de vida... Solo su escena final ya valdría para conseguirle un merecido Goya. Estupendo también José Luis Gómez, interesante Ana Risueño y deliciosa la cría protagonista, a la que uno se la llevaría encantado a casa, la verdad. No me entusiasma Najwa Nimri -no lo puedo evitar: no me resulta creíble en ninguna de sus películas-, pero sin embargo, su escena de sexo con Juan Diego Botto es de las que más me han gustado desde el punto de vista del guión;

- la dirección: en la que destaca el uso (casi abuso) del plano corto (en mi opinión, muy acertado y justificado, aunque siempre sea un recurso discutible) y el empleo de una paleta de colores fría y adusta, de modo que se mitigue la ternura de ciertos momentos del guión con la dureza de la puesta en escena.

No creo que esta película admita medias tintas, así que cada cual tendrá su opinión sobre ella. Sin embargo, el riesgo y la osadía de todo su equipo bien merecen que la gente acuda al cine a verla, aunque solo sea por el placer de llevarle la contraria a esos productores que creen que pueden sustituir a los creadores por estudios de marketing. En este caso, no hay ni marketing, ni nada mínimamente comercial. Hay emoción, pasión, vida. Hay personalidad y sensibilidad. Hay, en definitiva, cine. Y del bueno.

4 comentarios:

Arual dijo...

La verdad es que tiene muy buena pinta!

SisterBoy dijo...

Excelente, buscaba una referencia para ir a ver esta película (en este caso la de El País no era un gran estímulo) y creo que ya la he encontrado.

Una última cuestión ¿es de las que se puede ir a ver con la madre?

Cinephilus dijo...

Sister, yo creo que es ideal para madres... Pero insisto: su argumento tiene una piedra de toque que es necesario salvar... Esta peli o se ama o se odia y ambas posturas pueden ser comprensibles. En mi caso, la verdad, me emocionó mucho. Es más, tengo ganas de verla otra vez.

SisterBoy dijo...

Ya la he visto y sí creo que es apta para mi mama, en unos días pongo crónica