26.12.10

Balada desafinadísima...

Confieso que hay películas que me encantaría que me gustasen. Y esta es una de ellas. Porque Alex de la Iglesia me parece un tío estupendo y cabal. Porque su Día de la bestia es una de las pelis de mi adolescencia. Porque me reí muchísimo con su Acción mutante. Porque adoro a la Maura de La comunidad. Por todo eso, creí que su Balada triste de trompeta sería una genialidad bizarra y excéntrica en la que se haría un repaso histriónico de la historia de España.

Pero no, todo eso se queda en nada ante una película donde falta, ante todo, un guión. Se le puede perdonar el exceso gore -es uno de los filmes más desagradables que he visto en mucho tiempo- pero no se le puede disculpar su escritura tosca, apresurada y, sobre todo, vacía, con un guión que se desploma -en caída libre- hacia el vacío más absoluto.

El prólogo, deslumbrante (a pesar de que Santiago Segura haga una de las peores interpretaciones de la historia del cine español). Los títulos de crédito, una obra de arte. Y la presentación de los personajes (incluso más allá del soserío y las limitaciones de Areces: ¿por qué nos empeñamos en convertir en actores a quienes no lo son?), interesante.

Pero cuando ya conocemos al trío protagonista, la película se transforma en una gigantesca memez donde dos payasos cabreados se pelean por el amor una trapecista masoca. No funciona ni el triángulo -con tres personajes instalados en el nivel cero del carisma-, ni la troupe berlanguiana del circo -vista y revista mil veces antes-, ni los gags de humor negro -tontorrones y fáciles- ni los momentos forrestgumpianos con Raphael hablando en primer plano -qué tortura su canción, por cierto- o el asesinato de Carrero Blanco, recreado en la (agotadora) tradición del Cuéntame.

Si la película no se tomara tan en serio quizá habría funcionado como un divertimento tontorrón y gamberro, pero el problema es que sí pretende contarnos algo (aunque no sepamos el qué) y nos regalan frases tan grandilocuentes como "Esta es la historia de este país", como si el duelo de los dos payasos -personajes trazados a brochazos por un guión pésimo y unas interpretaciones ramplonas- pudiera ser realmente una metáfora de algo.

Pero no, no basta con llenar la pantalla de guiños cinéfilos -a Hitchock en su desenlace, a Fellini y La strada en su desarrollo, a Berlanga y su Escopeta nacional en el gag de Franco -que de puro simple parece sacado de un especial de José Mota- ni con salpicar de eventos o imágenes reales una fábula que se parece demasiado a la ya fallida Muertos de risa y que no tiene una sola escena bien escrita en sus casi dos horas de metraje.

Y no, tampoco es comparable a la visión comiquera y salvaje que nos da de la Segunda Guerra Mundial Malditos bastardos, porque Tarantino sí que supo combinar su pasión por la violencia y por el cine (inolvidable su recreación de la escena de Gremlins con los soldados nazis) con una estructura eficaz, unos personajes interesantes y unos diálogos estupendos que, desde luego, brillan por su ausencia en la película de Alex de la Iglesia, donde las conversaciones provocan casi tanta vergüenza ajena como los parlamentos de Yo soy la Juani.

El desenlace -la enésima vez que Álex de la Iglesia se marca el homenaje a Con la muerte en los talones subiendo a sus personajes a las alturas- se pretende épico y simbólico, pero se convierte en una escena de duración quasi eterna en la que uno solo confía en que lleguen, cuanto antes, los títulos de crédito.

Se puede defender esta Balada desde las coartadas de siempre, que si el esperpento, que si lo grotesco, que si..., pero entonces estaríamos olvidando que Valle-Inclán deformaba la realidad hasta hacerla inverosímil de puro histriónica -sí- pero llenándola de vida y de humanidad en ese fondo deformado del vaso que se convertía en espejo. Aquí no hay espejo vital ni histórico alguno, tan solo una colección de imágenes olvidables y feístas que no nos permiten ver nada más que los excesos de su creador.

En definitiva, la película más prescindible y fallida del año. Lástima, otra vez será...

3 comentarios:

coxis dijo...

A pesar de que a ratos no me creo las cosas, reconozco que hacía tiempo que no miraba el reloj durante una proyección de cine...

Peter P. dijo...

Mr Cinephilus: de acuerdo con usted de la A a la Z, no le quitaría ni una coma a su post que, como tantas veces, me ha encantado leer ;-)

SisterBoy dijo...

Reconociendo todos los fallos que se aducen (y algunos más de mi propia cosecha) tengo que confesar que me siento muy interesado no ya por esta película sino por este tipo de cine. Ahorita mismo vengo de leer un comentario en otro foro que responde más o menos a lo que yo pienso de esta "cosa". Cortopego.

Vengo de verla y estoy descolocadísimo. Es como si la hubiera soñado. Como esos sueños locos que se tienen cuando hay muchas ganas de ver una película. Esa misma sensación extraña.

Se nota muchísimo que Jorge Guerricaechevarría no está al guión. Hay varias cosas que son directamente PORQUE SÍ, y varias incoherencias graves, los personajes principales están desdibujados y la narrativa es errática desde al menos la mitad de la película... pero tiene algo tremendamente especial, una fuerza descomunal que (al menos a mí) me hace, no querer, sino NECESITAR verla de nuevo.

Estoy flipando.