6.3.11

Pa negre: dura e imprescindible

Para todos aquellos que anden mal de tiempo, haremos un brevísimo resumen de contenido de este post:

1. PA NEGRE: Imprescindible. Corran a verla si aún no lo han hecho.

2. LA EDAD DE LA IRA: Continuamos con la autopromoción y les recomendamos que lean la nueva crítica que ha aparecido en la revista on line EL PLACER DE LA LECTURA. Si no lo han hecho todavía, cómprenla (aquí pueden hacerlo, por ejemplo). De lo contrario, el autor de este blog podría entristecer, enmudecer y dejar de sentir la necesidad de seguir posteando...¿No les parecería terrible? Bien, pues evítenlo.
Y ahora, empecemos.
Confieso que no tenía pensado ir a ver Pa negre. Siento cierta aversión por el tema de la guerra civil-posguerra en cuanto género narrativo existe, ya sea novela, ya cine, ya televisión. Sin embargo, la lluvia de Goyas hizo que me picara la curiosidad y, al final, me acerqué a verla, no sin cierto escepticismo (lo confieso).

Desde la primera escena -tan terriblemente dura como excelentemente narrada- uno tiene claro que no se encuentra ante la enésima recreación del mismo tema, sino ante un film de una personalidad tan honda y tan oscura como la realidad que nos cuenta. Una película sin buenos ni malos, donde todo es gris, ocre, confuso, tan impenetrable como el bosque y las cuevas donde viven las leyendas y los fantasmas de un pasado demasiado reciente como para no dejar su huella en los personajes que recorren esos parajes.

Interpretaciones inolvidables -bravo por la madre del protagonista, bravo por el padre, que bien hubiera merecido otro Goya por la dificultad de su personaje- y un guión que nos cuenta un tema clásico de la literatura universal -la pérdida de la inocencia- desde un ángulo absolutamente personal e incómodo, un ángulo que nos hace ver hasta qué punto somos culpables y responsables de los monstruos que nosotros mismos alimentamos en ese afán por ocultar verdades de las que es necesario escapar si queremos que no se pudran en nuestro interior. Y en el de quienes nos rodean.

Película llena de momentos de dirección que, pese a ser arriesgados, funcionan dentro de ese marco poético-simbólico de la infancia y que chocan con la brutalidad y la violencia de ciertas escenas. A fin de cuentas, no hay nada tan cruel ni tan mágico -al mismo tiempo- como la infancia, como los cuentos de hadas, donde los bosques ocultan monstruos y el final feliz no siempre es tan feliz como creíamos cuando éramos pequeños.

Mientras escribo estas líneas pienso en El laberinto del fauno y me doy cuenta de que ambas películas -pese a sus múltiples diferencias- tienen ciertos puntos en común. Sin embargo, Pa negre es excepcional porque sabe incluir lo mágico dentro de lo más sórdidamente real, porque no cae en la pintura maniqueísta, porque no nos trata como espectadores infantiles, porque no nos hace ni una sola cesión, porque no nos deja de sorprender en su desarrollo, porque no nos ahorra ni una miseria de sus personajes, porque no nos divide el mundo en héroes y antihéroes, porque no necesita efectos especiales ni faunos para dejar que la leyenda e incluso lo fantasmagórico se cuelen en una película eminentemente realista, porque no emplea escenas amables -como las que se incluyeran en la, sobrevalorada, Secretos de corazón- para endulzar una trama que ha de ser tan agria y tan dura como el alimento que le da título, porque no sobra ni un plano, ni una frase, ni una mirada, porque sus símbolos -los pájaros, las alas, ese altillo que recuerda a su manera a las palomas de Colometa y Quimet en La plaza del diamante- están cargados de una semántica sencilla pero nunca de trazo grueso, porque su final es uno de los mejores que he visto en mucho tiempo. Un final de esos que no se olvidan y cuyo efectismo reside en lo bien escrito-rodado-interpretado que está, no en la banda sonora, ni en ningún travelling sonrojante, ni en ningún giro de guión simplista y supuestamente revelador.

Bravo por el equipo, por su director, por su guionista. Bravo porque consiguieron no solo emocionarme, sino que saliera corriendo a comprar la novela de Emili Teixidor en un Vips, y aquí la tengo, esperando ser leída para emocionarme de nuevo con una historia que no es otra de la guerra civil. Que es mucho más que eso, porque lo que cuenta podría ocurrir en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Lamentablemente.

Por una vez, los Goya aciertan dando una nueva vida a una película que la merece. Ojalá sea tan larga como su éxito -sin marketing, sin publicidad, sin nada más que talento y esfuerzo- merece.

3 comentarios:

Arual dijo...

1.Ya me he leído tu novela y me ha encantado así que no te voy a dar motivos de entristecimiento, al menos por mi parte, :)

2. Veré PA NEGRE en cuanto pueda, no me dejas opción.

inquilino dijo...

A mí, en su día, me cautivó el trailer. Y anduve con bastantes ganas de verla hasta que la pereza del tema postguerra civil-niño-pérdida de la inocencia me venció.
Como en tu caso, los Goya me volvieron a abrir el apetito. Y cuánto me alegro porque la peli es magnífica. Tengo sus escenas grabadas en mi mente desde hace días.
Y sí: yo también me acordé de Colomenta y el Quimet :-)

SisterBoy dijo...

Fui a verla por los mismos motivos que tú y tengo más o menos la misma opinión, ya ampliaré el comentario en mi propia casa