26.6.11

Last night

Cada cierto tiempo surge una nueva versión de Breve encuentro. La obra de Lean -una de las historias de amor más emocionantes de la historia del cine- ha dejado su huella en numerosas películas (Los puentes de Madison, Antes de amanecer, Deseando amar...), en las que los guionistas y directores han incorporado el signo de sus respectivos tiempos, dejándose llevar por influencias e ingredientes diversos que son los que acaban dando personalidad al producto final. En el caso de Last night (torpemente traducida al español como Solo esta noche) el breve encuentro -protagonizado por unos inmensos Keira Knightley y Guillaume Canet- parece cruzarse con Closer, aunque -afortunadamente- huye de los excesos verbales del segundo y sabe dejarse llevar, en sus mejores escenas, por los excesos sentimentales del primero.

No es una película redonda, ni siquiera equilibrada (pues la pareja Mendes-Worthington funciona mucho peor -tanto en el guión como en pantalla- que la de Knightley-Canet) pero no se puede negar a su director la capacidad para crear una atmósfera envolvente (esa noche urbana en la que todo queda tan desdibujado como intensificado al mismo tiempo) y, sobre todo, la habilidad de guionistas e intérpretes para conseguir que nos creamos esa fábula, donde no se cae en el moralismo habitual del cine norteamericano (gracias) ni en la pedantería del último cine conyugal francés. Diálogos, miradas, gestos y situaciones que podemos entender, reconocer y, sobre todo, que nos hacen entrar en la historia como un personaje más, aunque nos agazapemos tras las siluetas de esos cuatro protagonistas a los que les pasa algo tan sencillo -y tan complicado- a la vez como el tiempo, o como el deseo, o como la rutina.

Tampoco encontramos aquí situaciones tan inverosímiles como las de la sobrevalorada Closer, donde todo me resultó falso y teatral (en el peor de los sentidos), pero sí pequeños guiños a nuestras propias realidades cotidianas, en un film de ritmo pausado y, por supuesto, previsible, como lo es todo en la vida real. Previsible porque sabemos que cualquier indicio de pérdida del equilibrio puede conllevar un cambio de rumbo y, por tanto, un interrogante o una decisión. La fábula se adereza con algo de Schnitzler y su Ronda, con un Nueva York lleno de rostros posibles y de reencuentros fugaces, y con unos personajes que recuerdan más a los adolescentes de Antes de amanecer que a los adultos de Deseando amar, quizá porque en Last night se respeta el espíritu de estos tiempos, donde el síndrome Peter Pan ha calado hondo entre la generación de los treinta y... (entre la que me cuento), una generación que se ha decidido a probar suerte en la vida adulta aun cuando nos persigan -y de qué modo- los fantasmas adolescentes.

No es una película que admita una disección excesivamente racional -pues caeríamos en analizar lo ramplón de su estructura o lo pobre de algunas de sus situaciones- pero sí invita a dejarse llevar por las sensaciones que transmite, por algunas líneas de diálogo realmente interesantes y, sobre todo, por el juego -morboso y casi próximo al thriller- que se va estableciendo en la pantalla. Un juego que puede llevarles a un jugoso debate a la salida del cine, pues sus autores tienen el buen gusto de abandonar la partida en un momento álgido, sin hacer valoraciones sobre los contendientes y, sobre todo, sin subestimar nuestra inteligencia como espectadores.

En estos tiempos de cine de superhéroes, magos, osos panda expertos en artes marciales, solterones borrachos en juergas reincidentes y otros personajes de igual -ejem- calado psicológico..., se agradece toparse con un film adulto, sutil y, a su modo, sugerente. Lástima que estemos tan lejos de la alegría sexual del cine de los ochenta y no haya ni un solo polvo en condiciones en toda la película. Es curioso que el erotismo se haya tenido que refugiar en la televisión -menos mal que nos quedan las grandes series- ante el puritanismo visual de un cine que no tiene reparos en mostrarnos la más horrible de las violencias pero que huye, conservador y timorato, de algo tan hermoso como el sexo. Pese a todo, este paseo por Nueva York y Filadelfia sí merece la pena. Una escapada nocturna -llena de preguntas y puntos suspensivos- desde este caluroso Madrid estival.

3 comentarios:

Arual dijo...

La tendré en cuenta!

3'14 dijo...

Justo ayer la vi. Es pasable. De esas que luego te apetece abrir el debate y ver como cada cual se posiciona en la actitud de uno u otro personaje. Estoy muy de acuerdo con tu crítica, pero lo que no comparto es tu comentario final, respecto a las escenas de sexo en una película siempre me pregunto si son necesarias para el desarrollo de la trama o pueden obviarse, si es así, son un adorno que a mí, personalmente me sobran, no se, al igual para determinadas cuestiones son más conservadora de lo que querría ser, pero no me gustan las escenas gratuitas de sexo.

SisterBoy dijo...

Yo hasta que estrenen Super 8 no tengo nada en la agenda.