29.7.11

Beginners

La etiqueta de "cine indie" suele provocarme ciertos reparos. Demasiados tics reconocibles -más o menos fáciles de imitar- y demasiadas historias un tanto banales que se refugian en la excusa referencial de la nouvelle vague para ocultar su vacío narrativo.

Sin embargo, no es este el caso de Beginners, una de las sorpresas más gratas -y más emotivas- de la temporada. Supongo que, en gran parte, esa capacidad de emocionar al público -en mi caso lo consiguió- viene del hecho de que se inspira en una circunstancia absolutamente personal de su director (y guionista), quien -con carácter casi autobiográfico- ha construido dos personajes muy creíbles en el padre (Christopher Plummer) y su hijo (Ewan McGregor, su evidente alter ego). A este tándem impecable se le une una magnética Melanie Laurent que, pese a jugar con el personaje menos dibujado de los tres (nos quedamos con ganas de indagar más en su vida y en su pasado), sabe explotar la química -brutal- con McGregor y regalarnos una protagonista femenina vulnerable e independiente, una de esas composiciones de caracteres en las que se puede caer fácilmente en el tópico y que, sin embargo, aquí funciona más bien.

En cuanto al argumento, la película parte de una premisa (casi un McGuffin) que, en el fondo, no es más que una excusa para hablar de un tema mucho más universal y reconocible: el derecho de empezar otra vez, la necesidad de reinventarnos, la dificultad para abandonar las máscaras y los prejuicios que el tiempo va construyendo sobre nosotros mismos. La fábula se edifica en una anécdota chocante (el padre, a sus 75 años y tras quedar viudos, le confiesa a su hijo su homosexualidad y sus ganas de tener un primer novio), pero ese punto de arranque no es más que la excusa argumental para hilvanar un relato sobre cómo nuestras vidas son el resultado de un montón de decisiones que no nos competen -el lugar donde vivimos, el tiempo en que lo hacemos, la gente que nos educa y nos rodea-, y quizá por eso funcionan también los insertos contextuales -nada accesorios- que nos ubican y nos explican a los tres personajes.

Así pues, Beginners nos presenta una historia donde no ocurre nada especialmente destacable (la vida suele tener mucho de eso: ahí sí se nota el aliento de la auténtica nouvelle vague) y con una estructura discontinua que nos permite bucear -casi como si de un psicoanálisis se tratara- en la mente del protagonista. De su mano, haremos un recorrido por temas tan diversos como la dificultad para mantener una pareja -los miedos de toda una generación de treinteañeros entre los que me encuentro- o la historia del colectivo homosexual durante el siglo XX y su lucha por una visibilidad que aún hoy sigue siendo un objetivo no conseguido en la medida en que debiera serlo.

Con capacidad para arrancar sonrisas y pequeños grandes hallazgos (COMO los flash backs centrados en la madre y en su soledad, o los dibujos del personaje de Ewan McGregor, o el primer encuentro McGregor y Laurent, o las discusiones de pareja silenciadas por la música que se transforman, ipso facto, en un diálogo universal...), Beginners es una de esas películas pequeñas, sinceras y personales que emocionan porque están llenas de verdad. Una verdad tan liviana y tan trágica como la vida misma, como el miedo que todos sentimos cuando alguien nos invita a despojarnos de los escudos en los que nos amparamos para que demos un salto hacia un nuevo lugar. Hacia algo que a veces nos empeñanos en no ser y que, en esta película, todos intentan alcanzar. Véanla...