4.12.11

Un método peligroso


El diálogo entre el teatro y el cine es siempre tan complejo -a veces, incluso más- que el que mantienen el cine y la novela. La tentación de emplear el texto dramático como base -casi única- para la posterior película puede acartonar el resultado final, incluso en experiencias tan aplaudidas como ese último Polanski, Un dios salvaje, que -pese a la brillante interpretación de Kate Winslet- deja demasiado a la vista el frívolo artificio disfrazado de disquisición intelectual que sostiene el texto de Yasmina Reza, mucho más eficaz en las tablas que en la gran pantalla.

No es este, sin embargo, el caso de una de las -realmente- grandes películas de este invierno: Un método peligroso, del siempre interesante David Cronenberg. En ella, el punto de partida es todo un ejercicio de evolución semiótica, pues toma como punto de partida una anécdota histórica -con base epistolar- que, después, se convirtió en novela, y más tarde en obra de teatro, y -por último- en un espléndido film que, por su entidad intelectual -que no pedante- y por la calidad de sus interpretaciones y puesta en escena debería ser contenido obligatorio en nuestros centros escolares. Pocas películas recogen tan bien como esta -y sintetizan con tanto acierto- algunos de los hallazgos de Jung y Freud, dos autores que nuestros bachilleres estudian en sus asiganturas de Literatura, Filosofía y Psicología y que, sin duda, podrán conocer desde una nueva perspectiva gracias a esta visión fabulada de su trabajo.

Una ficción que, sin embargo, se apoya sólida en citas y extractos de cartas de los personajes históricos y que, además, reivindica el papel de un tercer vértice del triángulo, Sabina Spielrein, olvidada por esa -tristemente- habitual visión misógina de la historia científica y cultural. Aquí, sin embargo, el punto de vista de Cristopher Hampton -que nos regala otro guión en estado de gracia- la convierte en, quizá, el personaje más interesante de la función, todo un regalo para Keira Knightley, que sigue demostrando que es una actriz tan valiente a la hora de asumir nuevos riesgos como capaz en el momento de afrontarlos. Bravo por su interpretación, al igual que las del resto del reparto, con un magnífico Michael Fassbender, un sorprendente Viggo Mortensen y un turbio e hipnótico Vincent Cassel, cuyo (breve) papel le va como anillo al dedo y, quizá por eso mismo, sabe aprovecharlo con tanta astucia.

Cronenberg emplea, en este caso, un envoltorio de época -estupenda la ambientación- para, debajo de ese supuesto esteticismo de su película, ahondar en las miserias de nuestra condición humana, volviendo a muchos de los temas que se repiten de manera obsesiva en toda su obra: la violencia, el masoquismo, la sexualidad, la negación del yo, la autodestrucción... En el fondo, da la impresión de que se hubiera traído al diván a algunos de sus personajes de Crash, uno de esos títulos -por cierto- que, conforme pasa el tiempo, más inquietantes me resultan.

La película, en su conjunto, apuesta por una narración casi sinóptica, llena de elipsis, sin grandes subrayados -pero valiente en su narración, oral y visual, de los elementos sexuales que la componen- y llena de líneas de texto que son auténticos aciertos. Resulta difícil no llevarse alguna de esas frases en la cabeza y, sobre todo, no verse reflejado en el turbio espejo -vestuario impecable, escenografía impecable, sordidez anímica in crescendo- que nos ofrecen sus personajes. Un film más que recomendable y que es todo un antídoto -necesario- en estos tiempos de narrativa pueril, semiadolescente y tan explícita como vana.

3 comentarios:

SisterBoy dijo...

Veo que te ha gustado más que a mí. Al contrario que tú creo que nos hallamos ante la clásica historia que no puede ser contada en una película de duración estandar, pero como digo en mi casa, al menos me ha picado la curiosidad para seguir profundizando en la historia de estos personajes. Y eso ya es bastante.

3'14 dijo...

A mí me decepcionó bastante... Supongo que esperaba menos síntesis y más profundidad. Lo mejor: el intercambio de cartas, tanto en el detonante que pone en evidencia la relación entre Jung y Spielrein más allá de médico-paciente, como en la ruptura definitiva entre Freud y Jung.

Anónimo dijo...

Está muy bien esta web. Está llena de contenido muy interesante y de actualidad. Me gusta, sigue así de bien. Un beso